La escuela de brujas. Érase una vez en la Escuela de Brujas, una joven y brillante estudiante llamada Alba. Alba era una chica algo peculiar, con una obsesión por los hechizos de transformación. Siempre pasaba las tardes en la biblioteca, examinando los libros antiguos en busca de los hechizos más difíciles de encontrar.
Un día, Alba descubrió una página en un libro que jamás había visto antes. Escrita en un lenguaje extraño y críptico, la página parecía ser una clave para encontrar el secreto más profundo del hechizo de transmutación. Alba estaba emocionada, porque había estado buscando este hechizo desde que ingresó a la escuela.
Entonces, decidió averiguar más sobre la página y preguntó al bibliotecario. Él le contó la leyenda de un brujo que había creado el hechizo en el siglo XVIII y cómo sumergió el libro en el río antes de morir. Desde entonces, se rumoreaba que el libro estaba maldito y que solo aquellos con un espíritu lo suficientemente fuerte podrían encontrar la página.
Alba decidió que ella sería una de ellos, siguiendo la leyenda a pesar de los peligros. Finalmente, después de varios días de investigación, encontró el libro en la tienda de antigüedades y compró su propia copia. Estaba decidida a encontrar esa página a cualquier costo.
Una vez que Alba llevó el libro a su dormitorio, se preparó para comenzar su investigación. Después de horas de escudriñar el texto, descubrió las palabras clave y un diagrama en el libro. Estaban escritos en un idioma desconocido, pero Alba sabía que estaba cerca del descubrimiento del hechizo que siempre había deseado.
Alba siguió las instrucciones del diagrama y mezcló varios ingredientes mágicos juntos. En contraste con los otros hechizos que había probado, había algo diferente en este. Algo particular que la asustó un poco, pero seguía fascinándola.
Sabiendo que no podía arriesgarse a que nadie descubriera lo que estaba haciendo, se dirigió a los jardines de la escuela para probar el hechizo de manera privada. Después de trabarse en los pasos del diagrama, su piel se cubrió de una luz oscura y espesa. Miró alrededor del jardín, estaba completamente sorprendida al ver que todos los árboles y enredaderas habían cambiado de manera milagrosa, llenándose de colores brillantes y vivos, como si tuvieran vida propia. Alba se dio cuenta de que el hechizo estaba funcionando.
Entusiasmada, siguió practicando el hechizo. Pero mientras más lo hacía, más adicta se volvía a la práctica. Nunca aprendió a detener el hechizo, cada vez se convertía en una obsesión más fuerte.
Un día, mientras practicaba en los jardines, un profesor la descubrió. Alba sabía que había cruzado la línea, pero no podía dejar de practicar. Pensó que esto era lo que quería, para siempre. Sin embargo, lejos de animarla, el profesor se sintió alarmado.
«¿Alba, qué diablos estás haciendo?» Le preguntó con severidad.
«¿No lo ves? ¡Es magia! Es todo lo que siempre he querido», respondió Alba con entusiasmo.
«Lo que veo es peligro. Esto no es normal, ni siquiera se acerca a la hechicería», dijo el docente. «Deja de hacer esto. No puedes jugar con la magia de esta manera».
Alba lo escuchó, en parte. Prometió dejar el hechizo peligroso de lado, pero creía que no podía no seguir usando su magia para hacer algo. Comenzó a experimentar, aunque esta vez de una manera diferente. Descubrió hechizos para la curación, transmutar el agua, hacer pequeños arreglos, pero ninguno de ellos podía igualar lo que sentía cuando usaba el hechizo de la transformación.
Inevitablemente, comenzó a sentirse atrapada otra vez en la obsesión por el hechizo. Sus notas también comenzaron a bajar y finalmente fue expulsada de la escuela por hacer travesuras con las bibliotecas y sus hechizos peligrosos.
Alba se sintió perdida después de dejar la escuela. Se sentía sola, sin poder practicar su magia como lo había hecho antes. Pero entonces, una noche en un templo abandonado, mientras se recuperaba de un hechizo que salió mal, conoció a una bruja llamada Itzel. Fueron instantáneamente amigas y Itzel le ofreció enseñarle nuevos hechizos y brindarle ayuda en todo lo que necesitara.
Con el tiempo, Alba se convirtió en una bruja experta, con una habilidad excepcional para encontrar los hechizos perfectos para cada situación que encontraba. Fue a través de su experiencia en los malos caminos mágicos que se dio cuenta de que la vida del hechicero era mucho más que solo encontrar un hechizo para dominar, se trataba de compartir y de ayudar a otros.
Después de un tiempo, Itzel le sugirió que intentara ingresar a una nueva escuela de brujas, una más controlada, que le permitiría aprender y seguir creciendo en su habilidad. Alba aceptó, pero esta vez sabe que puede ser una estudiante responsable sin repetir sus errores del pasado.
Ahora, años después de su expulsión, Alba regresó a la Escuela de Brujas con una mirada clara en la perfección que tanto buscaba. Había aprendido que no todo era sobre el control, sino de cómo podía usar la magia para cambiar el mundo y ayudar a los demás, y eso es exactamente lo que tenía la intención de hacer.
Afortunadamente, la escuela lo aceptó y finalmente pudo conseguir su certificación para convertirse en una bruja respetada y hábil. Todos hablaban acerca de cómo había regresado de sus experiencias en las calles con una actitud diferente, mas madura. Había aprendido la lección que muchos jamás aprenden y usó su sabiduría para ayudar a otros a crecer también. Ahora, ella estaba segura de sí misma, capaz de convertir cualquier situación o problema en algo bueno, siempre siendo instintivamente sincera consigo misma y manteniéndose siempre en el camino correcto de la magia.