La bruja y el laberinto encantado. Érase una vez una bruja llamada Morgana. Morgana era conocida por todos los habitantes del reino por su gran poder y su habilidad para crear los hechizos más poderosos. Vivía en una gran torre en lo alto de una montaña, rodeada de un gran bosque oscuro y misterioso.
Un día, Morgana decidió crear un laberinto encantado en su bosque. Quería que fuera el laberinto más difícil de atravesar, un lugar donde solo los más valientes pudieran encontrar el camino hacia su torre. Para crear el laberinto, Morgana usó un hechizo antiguo que había aprendido hace muchos años.
Cuando la bruja terminó, el laberinto era impresionante. Tenía paredes de piedra cubiertas de enredaderas, árboles enormes que hacían que el laberinto pareciera una selva, y estatuas antiguas y misteriosas que parecían vigilantes silenciosos. Pero lo más sorprendente del laberinto era que estaba encantado. Si uno intentara escapar por el camino equivocado, sería teletransportado a un lugar aleatorio dentro del bosque.
Morgana estaba muy satisfecha con su creación y decidió probarla ella misma. Atravesó el laberinto sin esfuerzo, ya que conocía el camino, y llegó a su torre. Sin embargo, lo que Morgana no sabía era que había atraído la atención de alguien durante su creación del laberinto.
Un joven llamado Daniel había estado atravesando el bosque cuando vio a Morgana creando el laberinto. Él había seguido sus pasos, escondido entre los árboles, fascinado por lo que veía. Cuando Morgana se adentró en su torre, Daniel decidió investigar el laberinto. Sin embargo, lo que no sabía era que había sido visto también por Morgana.
Mientras Daniel caminaba por el laberinto, Morgana lo veía en su bola mágica. Quería saber quién era ese joven y por qué estaba allí. Decidió poner a prueba sus habilidades y lanzó un hechizo que oscureció los cielos, haciendo que el laberinto se volviera aún más oscuro y aterrador. Daniel, que había estado disfrutando de la caminata, de repente se sintió aterrorizado. Pero sabía que no podía quedarse parado allí y que debía encontrar la manera de salir del laberinto.
Daniel caminó y caminó, pero no pudo encontrar la salida. Incluso cuando pensaba que había encontrado el camino correcto, de repente era transportado a otro lugar. Comenzó a desesperarse, pero seguía adelante. Morgana estaba muy orgullosa de su creación, pero también estaba asombrada por la perseverancia de Daniel. Decidió no interferir más y ver qué sucedía.
Finalmente, después de horas de caminar y de ser transportado, Daniel vio una pequeña luz en la distancia. La siguió y finalmente llegó a la torre de Morgana. Estaba agotado, pero sentía una extraña satisfacción por haber encontrado el camino. Morgana lo miró con asombro.
– ¿Cómo has llegado hasta aquí?, preguntó Morgana.
– Caminando, respondió Daniel con una sonrisa cansada.
Morgana se dio cuenta de que había subestimado a Daniel. Él era más valiente y tenaz de lo que ella había imaginado. Decidió darle una oportunidad.
– Te propongo un trato, dijo la bruja. Si logras atravesar el laberinto dos veces más, sin importar el camino que tomes, te otorgaré un deseo.
Daniel no estaba seguro de qué desear, pero estaba muy emocionado de tener la oportunidad de superar el desafío. Seis horas después, y después de ser teletransportado y desorientado muchas veces, encontró el camino hacia la torre de Morgana. Ahora solo le quedaba una vez.
Durante la última caminata, Daniel estuvo más alerta y atento a los detalles del laberinto, y finalmente encontró el camino correcto. Llegó a la torre de Morgana, exhausto, pero lleno de alegría. Morgana estaba sorprendida, pero también impresionada.
– Como has completado el desafío, te otorgaré un deseo, dijo Morgana.
Daniel pensó en qué desear, pero no se le ocurrió nada. Entonces, recordó una historia que su abuela le había contado acerca de un dragón que había sido encarcelado por un rey cruel. Decidió pedirle a Morgana que liberara al dragón.
Morgana frunció el ceño, pero finalmente accedió. Con un hechizo, teletransportó a Daniel hacia las mazmorras del rey y lo ayudó a liberar al dragón. El dragón, agradecido, prometió proteger el reino siempre. Daniel regresó a la torre de Morgana para agradecerle por su ayuda.
– ¿Por qué elegiste liberar al dragón?, preguntó Morgana.
Daniel explicó la historia de su abuela y cómo había querido hacer algo bueno.
– Eres un buen hombre, Daniel, dijo Morgana. He subestimado tus talentos y tu alma. Siempre serás bienvenido en mi casa.
Y así, Daniel se convirtió en amigo de Morgana y visitaba la torre siempre que podía. Con su ayuda, Morgana cambió y comenzó a usar sus habilidades para hacer el bien. El laberinto encantado se convirtió en una atracción turística y todos los que lo atravesaban hablaban de la habilidad del joven Daniel.
De esta manera, la bruja y el laberinto encantado se convirtieron en parte de la leyenda del reino. La gente recordaría por siempre cómo un joven valiente había logrado sobrevivir al laberinto más difícil, y cómo había usado su valentía para cambiar la vida de los demás. Todo gracias a la magia y el poder de Morgana, la bruja buena del bosque.