La bruja y el jardín de las maravillas

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La bruja y el jardín de las maravillas
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La bruja y el jardín de las maravillas. Érase una vez una pequeña aldea en medio del bosque, donde vivía una anciana solitaria y un tanto excéntrica. La gente del pueblo la llamaba «la bruja del bosque» y muchos tenían miedo de acercarse a ella.

Sin embargo, había una niña llamada Ana que no tenía miedo de la bruja y a menudo se aventuraba en el bosque para visitarla. A la anciana le encantaba la visita de la niña y siempre le preparaba una taza de té y le contaba fascinantes historias sobre la naturaleza y la magia del bosque.

Un día, la anciana le contó a Ana sobre un jardín mágico, conocido como «el jardín de las maravillas», que se decía que se encontraba escondido en algún lugar del bosque. La bruja le dijo a la niña que se rumoreaba que el jardín tenía la capacidad de curar cualquier enfermedad y que aquel que lo encontrara nunca volvería a envejecer.

La pequeña Ana estaba fascinada por esta historia y decidió que iba a encontrar el jardín. La bruja le advirtió que no sería fácil, ya que el jardín estaba mágicamente protegido y solo aquellos con un corazón puro y una mente abierta podrían encontrarlo.

Sin embargo, Ana estaba decidida y se internó en el bosque con la intención de encontrar el jardín de las maravillas. Durante días y noches, buscó en el bosque, en los arroyos y gargantas, en todas partes, pero no pudo encontrar ninguna pista del jardín.

Finalmente, cuando estaba a punto de darse por vencida, la pequeña Ana llegó a un claro lleno de flores de colores brillantes. Cada tipo de flor parecía tener una fragancia única y embriagadora. Ana había encontrado el jardín de las maravillas.

Después de un momento de asombro, la niña corrió hacia el jardín y comenzó a explorarlo. Tomó un puñado de tierra y se la llevó a su casa, guardándola cuidadosamente en una maceta.

Al día siguiente, al despertar, Ana fue a regar la tierra, y justo cuando lo hizo, la tierra comenzó a temblar y de ella salió una pequeña planta. La niña se emocionó y continuó cuidando la plantita a medida que crecía y crecía.

Con sorpresa, después de varios días, la plantita se convirtió en una gran rosa blanca, hermosa e intensamente aromática. Ana no podía creer lo que había logrado con solo la tierra y su paciente dedicación.

Un día, cuando la niña volvía del jardín de las maravillas, se encontró con la bruja del bosque. La anciana estaba muy feliz de ver a la niña con una rosa tan hermosa. La joven le contó su experiencia y la bruja se sorprendió de que alguien joven y temerario haya sido capaz de encontrar el jardín de las maravillas.

La bruja le explicó a Ana que la rosa le presentaba un desafío. Si era capaz de cultivar todas las flores del jardín, tendría la capacidad de mantener la juventud para siempre y siempre tendría buena salud. Ana decidió aceptar el desafío y comenzó a trabajar en ella de inmediato.

En poco tiempo, Ana había cultivado todas las flores de colores brillantes del jardín de las maravillas. Y así, al final de su proyecto, había flores de muchas variedades y colores en su jardín.

Después de algún tiempo, el pueblo en el que vivía Ana se enteró de sus habilidades y su fama creció. Los ancianos, que estaban enfermos, solicitaron a Ana que las ayudara. La joven, con su conocimiento de las plantas y su habilidad para curar enfermos, comenzó a ayudar a la gente de la aldea, ofreciendo su asistencia y consejo.

Ana se convirtió en una figura muy querida por el pueblo, y se organizó una fiesta para celebrar su éxito. Durante este evento, se celebraron demostraciones de cocina, exposiciones de arte y actuaciones musicales. Ese día, la bruja del bosque llegó al pueblo y fue honrada como la invitada especial, y se hizo amiga de todos. Ana y la bruja del bosque bailaron juntas y se rieron mucho.

Pasaron los años, y Ana se mantuvo joven y siempre sana, incluso cuando su cabello comenzó a teñirse de plata. La gente envejeció y murió, pero Ana siempre mantuvo su juventud. Muchos la miraban con celo y con envidia.

Al final, Ana decidió que estaba bien envejecer. Se mudó de su jardín y pasó el resto de sus días viajando por el mundo, disfrutando de la naturaleza y encontrando vida y belleza en los lugares más simples.

La bruja del bosque, por otro lado, decidió quedarse en la pequeña aldea y dedicar su vida a enseñar a los jóvenes sobre la magia del bosque y a aquellos que no tenían miedo de acercarse a ella, a curar sus enfermedades.

Así, cuando la bruja se fue del pueblo, dejó a Ana con un corazón más fuerte y una gran cantidad de sabiduría. Ana se alejó, sabiendo que la bruja siempre sería su amiga, y que sus secretos y conocimientos nunca estarían lejos.

El jardín de las maravillas aún permanece en el bosque, vigilado por la bruja y su magia siempre presente. La gente murmura historias y leyendas sobre el jardín, y no es inusual que un joven aventurero parta en una búsqueda para encontrarlo.

Y así, la historia de la bruja del bosque, Ana y el jardín de las maravillas vivirá siempre en los corazones de aquellos que la escuchan y en aquellos que eligen errar por el bosque encantado que ella llamó hogar.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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