La bruja y el bosque de los susurros

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La bruja y el bosque de los susurros
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La bruja y el bosque de los susurros. Érase una vez una bruja solitaria que habitaba en el bosque de los susurros. Ella vivía alejada de la gente y rara vez salía de su guarida en las profundidades del bosque. La gente del pueblo tenía miedo de ella y la consideraban una figura malvada y temible. Sin embargo, un día, un niño valiente decidió aventurarse en el bosque para descubrir el misterio detrás de la bruja y el bosque de los susurros.

El niño, llamado Tomás, era un joven curioso y aventurero que siempre había sentido una fascinación por las historias sobre la bruja del bosque. Un día, decidió recopilar coraje y aventurarse en el bosque para ver si podía encontrarla. Armado con su mochila y una linterna, se adentró en el bosque de los susurros.

El bosque estaba oscuro y silencioso, y los árboles parecían susurrar secretos y advertencias mientras Tomás avanzaba. Sin embargo, a medida que se adentraba más en el bosque, comenzó a escuchar otros sonidos, voces lejanas que parecían llamar su nombre. Sintiéndose cada vez más intranquilo, Tomás comenzó a correr hacia donde venía el sonido.

Finalmente, llegó a un claro del bosque, donde encontró a la bruja sentada en un tronco mirándolo fijamente. Al principio, Tomás se asustó y retrocedió, pero luego se dio cuenta de que ella no parecía peligrosa. La bruja tenía una larga túnica negra y una larga trenza gris que le caía en la espalda. En su mano izquierda sostenía una varita mágica y, en la derecha, una canasta de hongos.

Fue entonces cuando la bruja habló por primera vez. «Hola, pequeño,» dijo ella en un tono suave. «¿Qué te trae a mi bosque?»

Tomás se sintió acunado por la voz de la bruja. Con mucha valentía le explicó que había venido a conocerla y a preguntarle sobre los cuentos que la gente contaba en el pueblo. Él preguntó sobre sus poderes y su fama de ser malvada.

La bruja le explicó que ella era como cualquier otra persona, excepto que sabía cómo usar la magia y que no siempre podía controlarla. Además, explicó que la gente de pueblo temía a sus habilidades mágicas y malinterpretaron su comportamiento.

A medida que hablaban, Tomás comenzó a darse cuenta de que la bruja no era el monstruo que todos creían. De hecho, era una mujer solitaria y triste que había sido maltratada toda su vida. Esto le hizo sentir mucha empatía hacia ella, y decidió que quería ayudarla de alguna manera.

La bruja notó el cambio en la actitud de Tomás y le preguntó si estaba dispuesto a ayudarla a encontrar un objeto mágico que había perdido en el bosque. Necesitaba esa pieza para hacer un hechizo especial y pensó que él podría ayudarla a encontrarlo.

Entonces, juntos comenzaron su búsqueda y finalmente encontraron lo que la bruja estaba buscando. Con mucho cuidado, Tomás recogió el objeto y se lo entregó a la bruja. Luego, ella lo utilizó para crear un hechizo mágico que liberó al bosque de un encantamiento oscuro.

De repente, las cosas comenzaron a cambiar en el bosque de los susurros: los árboles se agitaron, los pájaros cantaron, y los animales salieron de sus escondites. La bruja y Tomás se sintieron llenos de alegría mientras presenciaban el despertar del bosque.

Ahora, siempre que la bruja necesitaba ayuda, Tomás estaba dispuesto a ayudarla. Y, aunque la gente del pueblo todavía hablaba sobre la bruja del bosque, el cuento había cambiado. En lugar de ser vista como una amenaza, la bruja ahora era conocida como la que había salvado el bosque y su fama se convirtió en una leyenda de las personas que una vez se sintieron agradecidas por sus acciones.

Tomás regresó al pueblo con una nueva perspectiva, comprendió que la gente no siempre es lo que parece ser y que el valor y la empatía pueden llevar a nuevas conexiones inesperadas. Ahora, cada vez que visitaba el bosque de los susurros, no sentía miedo sino una especie de afinidad hacia ella, la bruja del bosque.

La bruja y Tomás se convirtieron en grandes amigos y, aunque los cuentos persisten, la gente del pueblo ya no los veía de la misma manera. Aprendieron una gran lección de amistad y empatía, nuevas perspectivas que ganaron gracias a conocerse. Finalmente, el bosque de los susurros floreció y pasó a ser uno de los bosques más bellos del reino. Nunca se supo cómo la bruja había hecho el hechizo, pero la gente siempre hablaba del cuento mágico y la existencia de la abuela del bosque y el niño que la salvó.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
La bruja y el bosque de los susurros
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