La bruja y el río de la felicidad. Érase una vez una bruja llamada Iliana que vivía sola en lo profundo del bosque. Iliana había pasado gran parte de su vida estudiando las artes oscuras y, como resultado, su reputación se extendió por toda la región. La gente del pueblo temía a la bruja, creyendo que traía mala suerte y desgracia a quien se le acercaba. Pero lo que la gente no sabía es que Iliana no era una bruja mala, sino una experta en hierbas curativas y remedios para el dolor.
Un día, mientras caminaba por el bosque en busca de raíces y bayas para hacer sus pociones, escuchó un sonido emocionante. Al seguir el sonido, descubrió un río diminuto pero reluciente que fluía a borbollones entre las rocas. Iliana se acercó al río, sorprendida por su belleza. Había escuchado leyendas sobre el río de la felicidad, un lugar mágico donde cualquiera que lo cruzara encontraría la verdadera alegría y el amor.
Durante años, Iliana había obsesionado con la idea de encontrar el río de la felicidad, pero pensó que eran solo cuentos de hadas. Pero cuando vio el río frente a ella, ella sabía que tenía que cruzarlo. Iliana buscó una forma de continuar a través del río, pero este fluía muy rápido y las rocas eran resbaladizas. A medida que miraba el río, notó una figura a lo lejos, una joven que corría hacia el río.
La joven se acercó a Iliana, temblando y jadeando de emoción. Iliana la observó, sorprendida por la belleza de la joven. «¿Por qué quieres cruzar el río?» le preguntó la bruja, amablemente.
«Quiero encontrar mi destino y mi felicidad» respondió la joven con voz firme.
Iliana sabía lo que significaba buscar la felicidad y decidió ayudar a la joven. De repente, tuvo una idea. «Si quieres cruzar este río», dijo Iliana, «deberás hacerme una promesa».
«¿Qué promesa?» preguntó la joven con curiosidad.
«Promete que encontrarás la felicidad en ti misma, no en el río».
La joven se quedó en silencio durante un momento, contemplando la petición de la bruja. Finalmente, sonrió y aceptó la petición de Iliana. Entonces la bruja y la joven se tomaron de la mano y juntas se adentraron en el río.
El agua fría y cristalina fluía entre sus pies, arrastrando las hojas y las pequeñas ramas. La corriente se intensificaba en algunas partes del río, pero la bruja y la joven se aferraban fuertemente.
Fue entonces cuando Iliana notó algo extraño. Había comenzado el cruce del río con una bolsa de hierbas a su espalda, una bolsa pesada llena de ingredientes enredada en una cuerda. Pero ahora, la bolsa no estaba, había desaparecido en el caudal del río. Iliana comenzó a preocuparse, pero entonces recordó que no había cruzado el río para encontrar la bolsa o solo para encontrar la felicidad momentánea, lo había hecho para encontrar la verdadera felicidad en su vida. Entonces dejó ir la preocupación y siguió adelante, empujando a la joven hacia la orilla.
Finalmente, cuando Iliana y la joven llegaron al otro lado del río, se encontraron en un claro hermoso rodeado de flores y árboles. La joven se volvió hacia la bruja y le agradeció, prometiendo que siempre recordaría su lección. Entonces, la joven desapareció en el bosque.
Mientras Iliana recogía sus cosas, se dio cuenta de que su bolsa de hierbas había aparecido milagrosamente a su lado. Pero la bruja supo que esto era un signo de que su verdadero propósito en la vida no era solo buscar la felicidad, sino también ayudar a otros a encontrar la suya propia.
Desde ese día, Iliana se dedicó no solo a encontrar la felicidad sino también a ayudar a aquellos que la buscaban. La gente del pueblo comenzó a verla de una manera diferente, y la respetaron como una mujer sabia y benévola.
Cada noche, Iliana se acostaba en la hierba en el bosque, mirando las estrellas y reflexionando sobre su vida. Había aprendido una valiosa lección durante su aventura en el río: no se trata de encontrar la felicidad, se trata de encontrar algo que valga la pena vivir y luchas por ello. Y mientras reflexionaba, Iliana comprendió que el río de la felicidad no estaba dentro del bosque, sino dentro de sí misma. Nunca había estado lejos, simplemente se había tomado el tiempo para encontrarlo.
Debido a su espíritu altruista, la bruja Iliana vivió una vida larga y feliz, amada y recordada por todos los que la conocieron. Y al igual que la joven que la había acompañado a través del río, muchos aprendieron una lección valiosa de la sabiduría de Iliana: la verdadera felicidad viene de adentro, no de las cosas materiales, y solo puede ser encontrada cuando compartimos nuestro amor y comprensión con otros.