El Perro de la Ciudad de Cristal. Érase una vez, en la Ciudad de Cristal, un perro llamado Max. Max era un perro callejero que vivía en una pequeña plaza en el centro de la ciudad. La plaza era su hogar y todos los días corría de un lado a otro, jugando y divirtiéndose.
Un día, Max decidió que sería divertido ir a explorar el resto de la ciudad. Había oído hablar de un hermoso parque llamado Parque del Río en el otro extremo de la ciudad, y estaba decidido a explorarlo.
Así que, después de desayunar, Max comenzó su viaje hacia el Parque del Río. Mientras caminaba por la ciudad, Max se sorprendió por lo grande y hermosa que era. Había grandes rascacielos de cristal y edificios antiguos de ladrillo. También había miles de personas caminando por las calles, y Max se sintió un poco abrumado por todo el ruido y la gente.
Pero Max siguió adelante, y finalmente llegó al Parque del Río. Y, para su sorpresa, el parque era incluso más hermoso de lo que había imaginado. Había grandes árboles, lagos, y un gran columpio que Max no podía esperar para probar.
Max comenzó a jugar en el parque, corriendo a través de los prados y saltando en los charcos. Y mientras lo hacía, se dio cuenta de que algo andaba mal. El parque, que debía estar lleno de personas, estaba completamente vacío.
Max comenzó a buscar por el parque, pero no pudo encontrar a nadie en ninguna parte. Entonces, decidió preguntarle a un viejo búho que estaba sentado en una rama cercana. «Señor, ¿dónde están todos los demás?», preguntó Max.
El viejo búho miró a Max y le explicó que había estado viviendo en el parque durante muchos años, y que sabía que algo andaba mal. Los humanos habían estado dejando de visitar el parque, y el búho temía que pronto estaría deshabitado.
Max se sintió triste al escuchar esto. Sabía que, aunque él era solo un perro, era importante mantener el mundo humano lleno de seres vivos y felices. Así que decidió hacer algo al respecto.
Max imaginó que lo mejor que podía hacer era encontrar formas de mostrarle a la gente lo hermoso que era el parque. Así que comenzó a recorrer el parque y a tomar fotografías con su cámara. Luego, con la ayuda de sus amigos del parque, Max creó una página web para mostrar a la gente de la ciudad cómo se veía el parque. Y lo hizo, publicando allí sus fotos y videos.
La página web resultó ser un gran éxito. La gente comenzó a visitar el parque de nuevo, y pronto se volvió tan popular como lo había sido antes.
Max fue muy feliz al ver cómo su plan había funcionado. Había hecho algo que había significado algo importante para los seres humanos y para los animales. Y desde entonces, siguió recorriendo la ciudad y explorando nuevos lugares, y esperaba encontrar algo que necesitara su ayuda.
Pero el Parque del Río siempre estuvo cerca de su corazón, y cuando se sentía solo o triste, iba allí a jugar y a recordar su victoria más importante.