El príncipe y el mendigo. Érase una vez, en un reino muy lejano, un príncipe llamado Enrique. Era un príncipe muy rico y poderoso, pero también muy egoísta y poco empático. Nunca pensaba en los demás y solo se preocupaba por sí mismo.
Un día, mientras el príncipe iba por las calles del reino, se topó con un mendigo muy desaliñado y enfermo. El mendigo estaba tumbado en el suelo, sin poder moverse y pidiendo ayuda.
El príncipe, al ver al mendigo, se alejó tratando de evitarle. Pero justo en ese momento, un hada apareció delante de él y le dijo: «Príncipe Enrique, has sido muy egoísta y poco empático. Por eso, te voy a poner una prueba para que puedas aprender a valorar a los demás. Durante un mes, tendrás que vivir como ese mendigo que acabas de evitar».
El príncipe, asustado por la amenaza del hada, aceptó el desafío sin saber que su vida daría un giro radical.
Así, el príncipe Enrique se convirtió en un mendigo. Ya no tenía su riqueza ni su palacio, sino solo lo que llevaba puesto y algunas monedas que le daban algunas personas caritativas que se apiadaban de su situación.
La vida como mendigo no era fácil. Enrique pasaba hambre, frío y era discriminado por las personas que antes lo admiraban como príncipe. Pero, a pesar de todo eso, Enrique quería lograr superar la prueba que el hada le había impuesto.
Una tarde, mientras caminaba por las calles, Enrique se topó con una familia que también pedía ayuda. Era una familia muy pobre, que no tenía ni para comer. Al ver su situación, el príncipe no dudó en darles las pocas monedas que le quedaban. A partir de entonces, Enrique empezó a hacer pequeñas acciones de ayuda hacia los más necesitados.
Poco a poco, el príncipe se fue dando cuenta de que la vida de un mendigo no era tan diferente a la de un rey. Cada persona tenía sus problemas y necesidades y todas merecían el mismo respeto y consideración.
Un día, al finalizar el mes de prueba, el hada se le presentó de nuevo al príncipe. «Enrique, has logrado superar la prueba. Has comprendido que todas las personas merecen el mismo trato y que la empatía es una virtud que todos deberíamos tener», dijo el hada.
Enrique, emocionado y agradecido, le suplicó al hada que lo devolviera a su vida de príncipe. Pero el hada le dijo que ahora debía demostrar que había aprendido la lección en la vida real.
Desde ese día, Enrique se transformó en un príncipe empático y comprometido con los demás. Comenzó a hacer obras sociales, a ayudar a los más necesitados y a respetar a todas las personas por igual.
Su reino se convirtió en uno de los más justos y solidarios, donde no importaba la posición social ni la riqueza, sino el valor de cada persona. Y, a partir de entonces, el príncipe Enrique fue conocido como el príncipe empático.
Todos los niños y niñas del reino lo admiraban y querían ser como él. Y allí, justo en ese momento, comprendieron que debían aprender a ser empáticos y ayudar a los demás, tal como lo había hecho su príncipe.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.