El Búho y el Encanto de la Oscuridad. Érase una vez, en un bosque mágico, un búho llamado Hércules. Era el búho más grande y sabio de todo el bosque, y todos los animales venían a él en busca de consejo y ayuda. A pesar de su sabiduría, Hércules tenía un miedo secreto: el miedo a la oscuridad. Cada noche, se retiraba temprano a su árbol y cerraba los ojos, deseando que el sol saliera de nuevo.
Un día, mientras Hércules estaba sentado en su árbol, un pequeño topo lo encontró.
– Hola señor búho, he oído hablar de su gran sabiduría y necesito su ayuda -dijo el topo, un poco nervioso.
– Por supuesto, pequeño amigo -respondió Hércules con una sonrisa-. ¿En qué puedo ayudarte?
– Verá, soy ciego y no puedo ver la luz del sol ni la belleza del bosque como tú. Pero tengo la suerte de tener algo que tú no tienes -el topo dijo misterioso.
– ¿Qué es eso? -preguntó Hércules, interesado.
– El encanto de la oscuridad -respondió el topo-. La oscuridad es mi hogar, y en ella encuentro todo lo que necesito. La oscuridad no es algo a temer, es algo a acoger. Y puedo ayudarte a superar tu miedo.
Hércules estaba un poco sorprendido. Había pasado tanto tiempo temiendo la oscuridad que nunca había pensado en ella como algo hermoso. Pero estaba dispuesto a escuchar al topo y aceptar su ayuda.
El topo le enseñó a Hércules cómo sentir la oscuridad a su alrededor. Aprendió a escuchar el zumbido de los insectos y el sonido de las hojas moviéndose con el viento. Aprendió a sentir la brisa fresca de la noche y a disfrutar del olor a flores nocturnas. Con el paso del tiempo, Hércules empezó a esperar con ansias la noche, disfrutando de todo lo que el mundo nocturno tenía que ofrecer.
Un día, el topo dijo:
– Hércules, has aprendido a amar la oscuridad. Pero todavía no has abrazado plenamente el encanto de la oscuridad. Hay algo más que debes hacer.
– ¿Qué es eso? -preguntó Hércules.
– Debes volar en la noche -respondió el topo con una sonrisa-.
Hércules estaba un poco preocupado. Había volado en la oscuridad antes, pero siempre con el corazón lleno de miedo. ¿Podría hacer esto? Sin embargo, decidió confiar en el topo y tomar el desafío.
Cada noche, Hércules volaba un poco más lejos en la oscuridad. Al principio, se sentía incómodo y asustado, pero pronto comenzó a disfrutar de la sensación de libertad y aventura. Aprendió a confiar en sus sentidos y en su propio instinto para navegar por la oscuridad. Incluso comenzó a pensar que había algo hermoso y mágico en ella.
Finalmente, una noche, Hércules se aventuró aún más lejos que nunca antes. Era una noche sin luna, y las estrellas brillaban en el cielo oscuro. De repente, oyó un sonido extraño y vio una luz brillante en la distancia. ¡Una luciérnaga! Hércules nunca había visto una antes en la oscuridad, y se quedó allí maravillado mientras la miraba volar y desaparecer.
Esa noche, Hércules regresó a su árbol, sintiéndose lleno de energía e inspiración. Había conquistado su miedo a la oscuridad y había descubierto la belleza del mundo nocturno. Aunque no había encontrado respuestas a todas las preguntas, se sintió seguro de que, guiado por su propia sabiduría y por el encanto de la oscuridad, podría encontrar su camino a casa.