El caballo que enseñó a soñar

Tiempo de lectura: 4 minutos

El caballo que enseñó a soñar
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El caballo que enseñó a soñar. En un granero, en la pequeña ciudad de Maine, vivía un caballo llamado Sparky. Era un caballo alto y majestuoso con un pelaje marrón oscuro y una gran y blanca estrella en su frente. Sparky adoraba su hogar en el granero, pero siempre soñaba en secreto con la vida fuera de sus paredes.

A Sparky le encantaba observar a los humanos que venían al granero a cuidarlo. Los pequeños jinetes subían a su espalda y Sparky se movía con gracia, siempre dispuesto a obedecer las órdenes de sus pequeños amigos.

Sin embargo, aunque disfrutaba de su vida, Sparky ansiaba la libertad de galopar por la llanura. A menudo, soñaba con escapar de su granero y correr y correr sin fin.

Pero Sparky sabía que nunca podría hacer realidad sus sueños. Después de todo, su vida creativa giraba en torno a ser un corcel obediente para los niños que lo montaban.

Un día, una niña llamada Rosie llegó al granero. Era diferente a los demás jinetes que Sparky había conocido antes. Rosie hablaba con él como si fuera un ser humano y le contaba historias sobre sus propios sueños. Habló de cómo siempre había soñado con ser bailarina, y cómo le encantaría bailar en un escenario ante una gran multitud.

Sparky estaba fascinado por las historias de Rosie. Él nunca había pensado en tener sueños propios antes. Le preguntó a Rosie cómo sabía que un sueño no podía hacerse realidad, y ella le respondió que sólo tendría que trabajar duro para hacerlo realidad.

Las palabras de Rosie se quedaron en la cabeza de Sparky mucho después de que se fue. Él comenzó a preguntarse si alguna vez podría hacer realidad sus propios sueños.

En una noche oscura y solitaria, Sparky decidió tomar el riesgo de escapar de su granero. Al principio se sintió asustado y perdido, pero poco a poco fue encontrando un nuevo mundo que nunca antes había conocido.

Cada noche, Sparky exploraba su mundo libre en secreto, corriendo a través de las llanuras bajo la luz de la luna. Sentía la brisa fresca en su pelaje y se sentía tan libre que parecía estar volando.

Pero incluso después de toda su exploración nocturna, Sparky seguía siendo un caballo feliz y leal durante el día. Hacía todo lo que debía hacer, permitiendo que los jinetes lo llevaran a pasear y jugar.

A medida que pasaba el tiempo, Sparky comenzó a darse cuenta de algo importante: había logrado cumplir su sueño gracias a su valentía y perseverancia.

Conoció a Ino, un caballo flaco y débil que nunca había tenido la oportunidad de correr como Sparky lo había hecho. Sparky decidió compartir sus aventuras nocturnas con Ino, y pronto los dos se convirtieron en los mejores amigos.

Sparky y Ino se sentían tan libres y felices en la naturaleza que comenzaron a hacer planes para su propia exploración diurna. Entonces, Sparky le dio a Ino sus propias lecciones de valentía, enseñándole cómo saltar y correr sin miedo.

Durante varias semanas, Sparky y Ino exploraron los alrededores juntos, descubriendo lugares que nadie había visto antes. Y mientras Sparky estaba disfrutando de la oportunidad de ser libre, estaba aprendiendo mucho más: había encontrado su verdadero llamado al liderar a Ino.

Con el tiempo, Sparky comprendió que no necesitaba correr a solas en secreto para cumplir sus sueños. Podía vivir una vida plena y feliz, ayudando a otros a lograr lo que ellos también soñaban.

Después de todo, la libertad, aunque la más deseada, no es lo único importante en la vida. Lo que importa realmente es aprender a compartir la felicidad para hacer felices a otros.

Desde entonces, Sparky se convirtió en un modelo para los demás jinetes que soñaban con hacer algo especial. Les enseñó a que la valentía e inteligencia serán los mejor instrumentos para lograrlo.

Y así, la felicidad encontró su lugar en el granero mientras Sparky cumplía su misión: enseñar a muchos otros a soñar. Ahora, en Maine, Sparky era el caballo que realizaba lo imposible: hacer al mundo cada día un lugar más feliz.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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