El caballo que guió a la luna. Había una vez un caballo muy especial, su nombre era Luna, pues él fue el encargado de guiar a la luna cada noche. Luna era un caballo blanco, con una hermosa crin y un gran corazón lleno de bondad y sabiduría.
Un día, Luna estaba cuidando las estrellas en el cielo, cuando escuchó un ruido extraño. Al principio no le dio importancia, pero después volvió a escucharlo. Se acercó a la orilla del cielo y vio que abajo, en la tierra, había una pequeña niña llorando.
Luna se sintió conmovido por la tristeza de la niña y bajó del cielo para acercarse a ella. La niña lo miró y sonrió, pues nunca había visto un caballo como Luna. Él la miró dulcemente y se acercó a su lado para confortarla.
La niña le contó que se había perdido en el bosque y que no sabía cómo volver a su casa. Luna sintió empatía por la niña y decidió ayudarla a encontrar su camino a casa. Le indicó que subiera en su lomo y comenzaron a caminar.
Luna caminó y caminó por el bosque, buscando el camino correcto. A lo lejos, vio una pequeña luz que se movía. Se acercó y vio que era la luz que emitía un grupo de mariposas. Luna supo que ellas podían guiarlos al camino correcto, y así fue. Las mariposas los guiaron en su camino hacia la casa de la niña.
Cuando llegaron a la casa, la niña se bajó de Luna y lo abrazó con fuerza. Le agradeció por haberla ayudado y le prometió que siempre lo recordaría como su amigo. Luna se sintió muy feliz por haber ayudado a la niña y se despidió de ella con un relincho.
Desde ese día, Luna decidió hacer un cambio en su vida. Gracias a esa experiencia, se dio cuenta de que no solo tenía que guiar a la luna cada noche, sino que podía hacer mucho más. Decidió convertirse en un caballo de ayuda, para aquellos que lo necesitaran.
Así comenzó Luna su nueva vida, dejó su lugar de estrella y se dedicó a recorrer el mundo ayudando a quien lo necesitara. Muchas personas lo conocieron y se sintieron agradecidas por él. Luna siempre ofrecía su ayuda y su amistad a todos y cada uno de ellos.
Un día, mientras recorría el mundo en búsqueda de alguien a quien ayudar, encontró a un grupo de zorros que estaban en peligro. Habían quedado atrapados en una red de pescar y Luna decidió ayudarlos. Rompió la red con fuerza y liberó a los zorros.
Los zorros se sintieron inmensamente agradecidos con Luna, y decidieron hacerle un regalo. Le dijeron que él era la única criatura que no conocía el cielo, porque siempre estaba ocupado guiando a la luna. Así que decidieron llevarlo volando hasta el cielo, para que pudiera observar todos los secretos que el cielo guardaba.
Luna se sintió fascinado cuando llegaron al cielo. Allí arriba, comenzó a ver todo lo que siempre había querido ver durante su vida como caballo estrella. Las estrellas, las constelaciones, las nebulosas y todo lo que el universo podía ofrecer.
Mientras observaba el cielo, escuchó la voz de la luna que lo llamaba desde abajo. Luna comprendió que su lugar seguía siendo en la tierra, guiando a la luna cada noche. Agradeció a los zorros por su bondad y su regalo, pero decidió regresar a casa.
Cuando llegó a casa, la luna estaba esperándolo. Se acercó a ella y comenzó a guiarla, tal como lo hacía cada noche. Pero esta vez, Luna lo hacía con más amor, más pasión y más convicción, porque había aprendido que había un mundo muy grande allí abajo que necesitaba su ayuda.
Desde ese día, Luna siguió guiando la luna cada noche. Pero también se dedicó a ayudar a los demás, demostrando que un pequeño gesto de amabilidad puede marcar la diferencia en la vida de alguien más. Luna siempre será recordado como el caballo que guió a la luna, pero también como el caballo que guió a muchos hacia un camino mejor.