El conejo y el juego del escondite. Érase una vez un conejo muy curioso llamado Ramón. Ramón siempre estaba buscando algo nuevo que hacer y cada día se aventuraba en el bosque en busca de aventuras. Un día, mientras exploraba el bosque, Ramón encontró a sus amigos jugando al escondite.
Los amigos de Ramón eran todos animales del bosque: Pedro el zorro, Luisa la ardilla, Miguel el mapache y Ana la liebre. Todos estaban muy emocionados jugando al escondite, pero cuando Ramón llegó, todos se detuvieron y lo saludaron.
«¿Quieres jugar con nosotros, Ramón?» preguntó Ana, la liebre.
Ramón estaba emocionado de unirse al juego y se unió a sus amigos. Cuando llegó su turno de esconderse, Ramón se preguntó a dónde podría ir.
Después de pensar en muchos lugares, decidió subir al árbol más alto del bosque. Ramón se trepó al árbol con mucho cuidado y se escondió detrás de una rama grande. Durante los siguientes minutos, los otros animales buscaron a Ramón por todas partes, pero no lo encontraron.
Finalmente, Miguel, el mapache, escuchó un ruido en el árbol y miró hacia arriba. Vio las orejas peludas de Ramón asomándose detrás de la rama. «¡Lo encontré!» gritó Miguel y todos los demás animales corrieron hacia el árbol.
Ramón saltó del árbol y se acercó a sus amigos. «¡Fue muy divertido!» dijo Ramón. «¡Definitivamente deberíamos jugar de nuevo!»
Así que, todos jugaron otra ronda de escondite y Ramón se escondió en un lugar diferente, en un tronco hueco dentro del bosque. Cuando Miguel finalmente lo encontró de nuevo, todos estallaron en risas y se divirtieron mucho.
Después de varias rondas de escondite, todos los animales estaban muy cansados y decidió que era hora de ir a casa. Pero antes de que se fueran, el grupo hizo planes para jugar de nuevo al día siguiente.
Al día siguiente, en lugar de jugar al escondite, decidieron jugar a la captura. Ana, la liebre, comenzó siendo el «perseguidor» y los demás animales corrían tratando de evitar ser atrapados.
Después de que Ana finalmente atrapó a Miguel, Pedro el zorro pidió un turno. Los amigos estuvieron jugando durante horas y Ramón estaba muy contento de haber encontrado un nuevo juego divertido.
Finalmente, cuando comenzó a oscurecer, todos los animales comenzaron a despedirse. «¡Gracias por un día maravilloso!» dijo Ramón. «¡Realmente disfruté jugar con todos ustedes!»
«¡Encantados de haber jugado contigo, Ramón!» dijo Luisa la ardilla, mientras le daba una manotada a Ramón. «¡Hasta la próxima vez!»
Y así, todos los animales se fueron a sus hogares, cansados pero felices después de un día lleno de diversión y juegos. Desde ese día, Ramón se convirtió en un fiel compañero de juegos para sus amigos en el bosque, y todos disfrutaban de sus aventuras juntos.