El conejo y la cueva de los dinosaurios. Érase una vez un conejo llamado Rocío. Rocío era un conejito muy travieso y aventurero a quien le encantaba explorar todo lo que encontraba. Un día, mientras exploraba la pradera, halló algo que la sorprendió muchísimo: una cueva gigantesca que nunca había visto antes.
Llevada por la curiosidad, Rocío entró en la cueva. Al principio estaba un poco asustada, pero pronto se dio cuenta de que la cueva estaba llena de maravillas. Ahí dentro había plantas extrañas, un río subterráneo y hasta un lago subterráneo.
Sin embargo, cuando Rocío siguió explorando, se encontró con algo que la puso un poco nerviosa. ¡Había un dinosaurio durmiendo en el camino! Rocío sabía que los dinosaurios podían ser muy peligrosos, pero también tenía mucha curiosidad de saber más sobre ellos.
Así que muy despacito, Rocío se acercó al dinosaurio dormido. El dinosaurio era gigantesco, con enormes colmillos y garras afiladas como cuchillos. Rocío tembló un poco al verlo tan cerca, pero no se rindió.
Así que Rocío llamó su atención y lo despertó. El dinosaurio se levantó de un salto, frunciendo el ceño, listo para atacar. Pero luego vio que era solo Rocío, un pequeño conejito.
«¿Qué haces aquí?» preguntó el dinosaurio. Rocío explicó que estaba explorando la cueva y que no sabía que el dinosaurio vivía ahí.
El dinosaurio se sorprendió mucho cuando escuchó esto. «¿No sabías que esta es la cueva de los dinosaurios?» dijo el dinosaurio. «Esta es nuestra casa. Tú no deberías estar aquí.»
Tras explicarse mutuamente, el dinosaurio accedió a mostrarle la cueva al pequeño conejo. Rocío estaba encantada con todo lo que veía: dinosaurios de todo tipo jugando y durmiendo, una gran cantidad de cuevas y un montón de cosas más.
Finalmente, llegaron a una gran sala, donde el dinosaurio le enseñó algo muy especial: El cuento de la Creación. En el cuento, los dioses y los animales crearon un mundo hermoso en el que todos podían vivir juntos en paz. Rocío se emocionó muchísimo al escuchar la historia y aprendió mucho de los dinosaurios.
Al final del cuento, el dinosaurio dijo algo importante: «Tú eres muy valiente por haber entrado en la cueva, pero también debes tener cuidado. No todas las criaturas son amistosas y algunas pueden ser peligrosas. Si alguna vez necesitas ayuda, pídemela, estoy aquí para ayudarte».
Rocío sonrió y le dio las gracias al dinosaurio, prometiéndole que siempre tendría cuidado cuando explorara la cueva de los dinosaurios. A partir de ese día, Rocío pasaba más tiempo en la cueva de los dinosaurios aprendiendo y conociendo nuevas cosas.
Y así, Rocío aprendió una valiosa lección: que la curiosidad puede llevarte a lugares maravillosos, pero también debes ser prudente y tomar en cuenta los peligros a tu alrededor. De ahora en adelante, Rocío sabía que debía tener cuidado y siempre estar preparada para lo que pudiera encontrar en esta cueva acogedora y llena de sorpresas.