El Dinosaurio y el Arpa Dorada

Tiempo de lectura: 4 minutos

El Dinosaurio y el Arpa Dorada
¿PREFIERES UN AUDIOCUENTO?

Si prefieres, puedes escuchar el cuento mientras haces otras tareas

El Dinosaurio y el Arpa Dorada. Había una vez, en un lugar muy lejano, un dinosaurio muy curioso que siempre estaba en busca de aventuras nuevas. Al pasear por la selva un día, encontró un objeto dorado reluciente. Al acercarse, vio que se trataba de un arpa dorada, una de las más preciadas y valiosas de todo el mundo. Sin pensarlo dos veces, el dinosaurio decidió tomarla para sí y llevarla a su hogar, ya que sabía que esto le podría traer fama y fortuna.

El dinosaurio se encontraba muy contento, porque ya había comenzado a tocar el instrumento. Pero pronto comenzaron a suceder cosas muy extrañas a su alrededor. De pronto, la tierra comenzó a temblar y a azotar con gran fuerza. Las hojas de los árboles volaron con el viento y las aves se dispersaron de sus nidos. El dinosaurio, asustado, se puso a tocar el arpa, en busca de alguna forma de calmar la violenta tempestad.

Entonces, de repente, una figura mágica apareció frente a él. Era una ninfa, y le dijo al dinosaurio que el arpa dorada estaba maldita. La ninfa le explicó que el arpa fue creada por un hechicero oscuro, quien buscó una manera de exponer todo el mundo a su maldad. La ninfa también le explicó que sólo el poseedor del arpa dorada tenía el poder de calmar la furia del hechicero y neutralizar su maldición.

Aterrorizado, el dinosaurio no sabía qué hacer. Su instinto de aventurero lo impulsó a buscar ayuda, y así comenzó una larga y difícil búsqueda en busca de una salida a su problema.

Después de mucho buscar, encontró a un ermitaño que vivía en una cueva oscura y húmeda. El ermitaño, al ver al dinosaurio, se asustó y pensó que era un monstruo. Sin embargo, al decirle acerca de su maldición, el ermitaño accedió a ayudarlo, guiándolo en su búsqueda de saldar su deuda.

El ermitaño le dijo que la única forma de liberar el arpa de su maldición era viajar a las afueras de la selva, a una cueva muy oscura, recogiendo un cristal especial que era capaz de contrarrestar la maldición y permitir que el dinosaurio pudiera tocar su instrumento sin temor.

Luego de muchas horas de caminar, el dinosaurio y el ermitaño por fin llegaron a la cueva. Allí, vieron que la cueva era muy oscura, pero iluminada por unos cristales verdes que reflejaban el brillo del sol en el exterior. Una gran serpiente custodiaba la entrada, impidiéndoles el paso.

El ermitaño, sabiendo que la serpiente era peligrosa, le dijo al dinosaurio que se quedara atrás mientras él enfrentaba al peligroso reptil. Lentamente, el ermitaño caminó hacia la serpiente y le dijo que sólo venía en busca de la piedra y nada más. La serpiente, al no tener otra opción que dejarlo pasar, lo dejó pasar por la cueva.

Finalmente, el ermitaño encontró la piedra que buscaba, tomándola en sus manos, la trajo de regreso a la selva y le entregó el cristal al dinosaurio. Al colocar la piedra en el arpa, el dinosaurio se sorprendió al sentir cómo la maldición era liberada, sintiéndose afortunado de poder tocar el arpa libremente.

Al tocar su arpa, el dinosaurio comprendió que la música era la verdadera llave para contrarrestar la maldición del hechicero, abriendo las mentes de las personas alrededor del mundo y permitiendo que todos descubrieran el verdadero poder y la belleza de la música.

Gracias al arpa dorada, el dinosaurio se convirtió en uno de los músicos más famosos y aclamados de la selva. Siempre recordará la lección que aprendió en su aventura y seguirá tocando el arpa dorada para compartir su música con todos aquellos que quieran escucharla, permitiendo que la maldición del hechicero nunca vuelva a imponerse sobre el mundo.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
El Dinosaurio y el Arpa Dorada
¿Te ha gustado «El Dinosaurio y el Arpa Dorada»?
¡Compártelo con tus amigos!
Facebook
Twitter
Pinterest
WhatsApp
Email
Imprimir