El Dinosaurio y el Náufrago

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El Dinosaurio y el Náufrago
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El Dinosaurio y el Náufrago. Era una vez un dinosaurio que vivía en una isla solitaria rodeada de aguas bravas y montañas escarpadas con una exuberante selva tropical. Él era un tiranosaurio rex y tenía como único vecino a un náufrago que había llegado a la isla hace algún tiempo.

El náufrago se había perdido en alta mar y había sido rescatado por el dinosaurio, que lo había llevado a su cueva y le había dado comida y agua cuando lo necesitaba. El náufrago, a su vez, le había enseñado al dinosaurio algunas cosas sobre el mundo exterior, cómo los humanos se comportan y cómo viven en su propio mundo.

El dinosaurio había aprendido mucho del náufrago y, aunque nunca había visto a un ser humano antes, lo consideraba su amigo. Todos los días, el náufrago y el dinosaurio se sentaban juntos en la playa y miraban el mar.

Un día, el náufrago le preguntó al dinosaurio por qué no podía regresar a su hogar. El dinosaurio le explicó que la isla estaba rodeada de aguas muy peligrosas y que ninguna embarcación podía llegar hasta allí. El náufrago se puso triste y se sintió atrapado en la isla.

Sin embargo, el dinosaurio tenía un plan. Se le ocurrió que si el náufrago pudiera llegar a la parte más alta de la montaña, podría usar una señal de fuego para llamar la atención de algún barco que pasara cerca de la isla.

El náufrago aceptó el plan del dinosaurio y comenzó a trabajar en él. Junto con su amigo dinosaurio, construyó un gran montón de madera y ramas en la cumbre de la montaña, esperando el momento en que pudiera encenderlo para lanzar la señal al aire.

Pasaron varios días y el náufrago estaba desesperado por volver a casa. Cada amanecer se sentaba en la playa, mirando el horizonte en busca de algún barco que pudiera ayudarlo. Pero nunca aparecía ninguno.

Un día, mientras ambos amigos caminaban por la selva, el dinosaurio escuchó un ruido extraño. Era un barco que se acercaba cada vez más a la isla. El náufrago estaba muy emocionado y le dio las gracias al dinosaurio una y otra vez por haberlo ayudado.

Los dos corrieron a la playa y agitaron sus brazos para llamar la atención del barco. Finalmente, el barco los vio y envió un bote para rescatarlos.

El dinosaurio y el náufrago subieron al bote y se alejaron de la isla. Mientras se alejaban, el dinosaurio sintió una gran tristeza por ver partir a su amigo, quien lo había enseñado tanto sobre el mundo exterior. El náufrago se despidió del dinosaurio con lágrimas en los ojos y prometió volver algún día.

El tiranosaurio rex se quedó en la playa, observando cómo el barco se alejaba en el horizonte. Sabía que extrañaría a su amigo, pero estaba feliz al saber que el náufrago finalmente podría regresar a casa.

El sol se ocultaba detrás de las montañas y el dinosaurio siguió mirando hacia el horizonte, esperando que algún día el náufrago volviera. Pero incluso si eso nunca ocurriera, el dinosaurio siempre recordaría a su amigo y la aventura que tuvieron juntos, y estaría feliz porque pudo haber hecho algo bueno en la vida de otra persona, para lo cual estaba destinado desde el principio.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
El Dinosaurio y el Náufrago
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