El Dinosaurio y el Príncipe Valiente. Había una vez un Príncipe Valiente llamado Bruno, que era muy curioso e intrépido. Un día decidió viajar al bosque cercano para explorar nuevos lugares y ver qué se encontraba por allí. Después de caminar por un rato, Bruno se topó con un dinosaurio enorme que dormía tranquilamente en el suelo.
El Príncipe se dio cuenta de que el dinosaurio estaba herido, por lo que decidió ayudarlo y curar sus heridas. Después de algunas horas de trabajo, el dinosaurio se recuperó y se puso de pie. Él era un Triceratops muy amistoso y agradecido que agradeció la ayuda del príncipe Bruno.
A partir de ese momento, el dinosaurio y el príncipe se convirtieron en amigos inseparables que juntos vivían emocionantes aventuras. Viajaban juntos por el bosque, la jungla y los pantanos, en busca de nuevas aventuras y peligros emocionantes.
Un día, mientras los dos amigos saltaban de roca en roca en un río que fluía en plena montaña, se dieron cuenta de que había algo extraño sucediendo en el bosque. Había un silencio extraño y todo el mundo estaba oculto detrás de los árboles y las rocas.
Preocupado, Bruno le preguntó al dinosaurio qué podría estar causando ese comportamiento extraño. El Triceratops recordó una leyenda antigua que hablaba de un dragón que habitaba en las profundidades del bosque y atacaba a todo aquel que se acercara demasiado a su guarida.
Bruno no estaba dispuesto a permitir que un dragón atemorizara a su amigo dinosaurio o a la gente del pueblo cercano, por lo que decidió ir a investigar. Armado con su espada, el príncipe Bruno y el Triceratops salieron valientemente a la búsqueda del dragón.
Durante horas caminaron por el bosque, siguiendo los rastros que dejaba el dragón. Finalmente, llegaron a la entrada de una cueva cubierta por un manto de vapor. El Triceratops no estaba seguro de que fuera seguro seguir adelante, pero Bruno estaba decidido a enfrentar al dragón y hacer que el bosque sea seguro una vez más.
Con cautela, el Príncipe y su amigo dinosaurio avanzaron hacia el interior de la cueva, lo que encontraron dentro les dejó asombrados. Era una caverna llena de tesoros y objetos de oro, además al fondo estaba la guarida del dragón. En la puerta de la cueva se encontraba un gran dragón rojo, echado en el suelo y que parecía estar siesta.
Bruno aprovechó para avanzar silenciosamente y acercarse al dragón, cuando estuvo lo suficientemente cerca el dragón se despertó y se mostró impresionado por la valentía del príncipe que había entrado en su guarida sin miedo.
A partir de ese momento, el dragón decidió no atacar más a las criaturas de la zona y permitir que Bruno y el Triceratops pasasen por su hogar sin peligro.
El príncipe Bruno y su amigo siguieron viajando y viviendo nuevas aventuras juntos, en las que siempre había nuevos peligros que superar, monstruos que vencer, y obstáculos que sortear. Pero todo ello siempre lo hacían juntos, saltando, corriendo y compartiendo un gran valor que les ayudaba en todo momento.
Al final de cada día, los dos amigos se sentaban a descansar juntos y celebrar su amistad. El dinosaurio y el Príncipe Valiente eran compañeros insuperables, que acabaron siendo conocidos en todo el reino como un dúo invencible que hacía el bien siempre que se encontraban.