El Dinosaurio y la Sirena. Hace mucho tiempo, en un mundo fantástico y maravilloso, vivía un dinosaurio llamado T-Rex. Era un enorme y feroz depredador que vivía en la selva, cazando con sus afilados dientes y sus garras poderosas. T-Rex era temido por todos los animales del bosque, y nada se interponía en su camino.
Un día, mientras cazaba un ciervo, T-Rex escuchó un hermoso canto que venía del río. Intrigado, se acercó para ver qué era. Al llegar, vio a una hermosa sirena, que cantaba con dulzura mientras se bañaba en el agua cristalina. T-Rex nunca había visto algo tan hermoso, y se acercó cautelosamente para verla mejor. La sirena lo notó y, asustada, intentó nadar hacia el fondo del río, pero T-Rex la alcanzó fácilmente con sus fuertes patas.
-«No te preocupes, no te haré daño», dijo T-Rex, sorprendido por su propia voz suave y tranquila.
-«¿Qué quieres de mí? ¿Por qué no me atacas como a los demás animales del bosque?», preguntó la sirena, todavía temerosa.
-«No lo sé. Solo… me gusta tu voz. ¿Puedes cantar algo más?», respondió T-Rex, apenado.
La sirena, todavía sorprendida por la actitud del dinosaurio, decidió cantar otra canción, esta vez más alegre y animada. T-Rex la escuchó extasiado, sintiendo una emoción que nunca antes había experimentado. Desde ese día, todas las tardes se encontraban en el río para cantar juntos y disfrutar de la compañía del otro.
Los demás animales del bosque no podían entender cómo T-Rex, el más feroz de todos, había encontrado una amiga tan diferente a él. Pero nadie se atrevía a acercarse a la pareja, por temor a ser devorados por el dinosaurio u Olvidados por la sirena.
Un día, cuando T-Rex acudió al río, encontró a la sirena llorando.
-«¿Qué ha pasado? ¿Por qué lloras?», preguntó T-Rex preocupado.
-«Tengo que irme. Mi familia me está buscando»,respondió la sirena entre sollozos.
-«¿Y qué harás? No puedes vivir en la selva conmigo», exclamó T-Rex, sintiendo una tristeza que nunca antes había experimentado.
-«No lo sé. Tal vez… Tal vez deba regresar al mar. Pero sé que te extrañaré mucho»,respondió la sirena, en un suspiro.
T-Rex entendió que ella tenía que partir, pero no podía imaginarse vivir sin ella. Así que decidió que la acompañaría al mar, donde encontraría su hogar y su familia. Juntos se adentraron en la selva, surcando ríos y atravesando bosques, en busca del mar. El viaje era largo y peligroso, pero T-Rex protegió a la sirena en todo momento, impidiendo que cualquier animal trataran de dañarla.
Finalmente, tras muchas semanas de caminar, alcanzaron el mar. Y allí, en la playa, la sirena se despidió de T-Rex, con lágrimas en los ojos.
-«Gracias por todo, T-Rex. No sé qué habría hecho sin ti», dijo la sirena, abrazando al dinosaurio.
-«No me des las gracias. Solo hice lo correcto. Ahora debes irte y estar con los tuyos»,respondió T-Rex, con una sonrisa triste.
La sirena se metió en el agua, y T-Rex la siguió con la vista, viéndola alejarse poco a poco. Cuando se perdió de vista en el horizonte, T-Rex regresó a la selva, sabiendo que nunca volvería a verla. Pero al menos, había pasado momentos inolvidables a su lado, y había entendido que no todo en la vida se trata de luchar y dominar a los demás.
Desde ese día, T-Rex dejó de ser el tirano temido de la selva, y empezó a ayudar a los demás animales de la selva, protegiéndolos de peligros y enseñándoles formas de sobrevivir. Y aunque nunca volvió a ver a la sirena, siempre recordó su canto y su belleza, y valoró la importancia de la amistad y la comprensión.