El Dragón de los Ríos y la Sirena. Había una vez un Dragón de los Ríos que vivía en el agua cristalina de un caudaloso río en el centro de un bosque encantado. Era un dragón hermoso y poderoso, de cuerpo azul oscuro, con escamas relucientes y una cola acuática que le permitía desplazarse con gracia y rapidez en el agua. El dragón era conocido por crear hermosas cascadas y pequeñas lagunas en su río, por lo que se ganó el respeto y la admiración de todas las criaturas que habitaban el bosque.
El Dragón de los Ríos se preocupaba mucho por el equilibrio natural del bosque encantado y de todos sus habitantes. Por esta razón, mantenía el agua del río limpia y pura, y cuidaba de todas las plantas y animales que dependían de ella. Pero su trabajo no era fácil, porque a menudo tenía que lidiar con los humanos que venían al bosque con sus barcos y redes de pesca.
Un día, mientras el Dragón de los Ríos descansaba en una pequeña laguna, escuchó unos extraños sonidos que venían del otro lado del bosque. Era un grupo de humanos que se acercaban al río con sus barcos y su música estridente. El dragón sabía que esto no era bueno para el bosque encantado, por lo que decidió detener a los humanos de alguna manera.
El Dragón de los Ríos emergió de la laguna y se deslizó rápidamente hacia el río principal. Cuando llegó, vio a los humanos desembarcando de sus barcos y armando tiendas de campaña. El dragón estaba furioso y decidió atacarlos con su poderosa cola.
Pero justo cuando el Dragón de los Ríos estaba a punto de atacar, una niña pequeña se acercó a él con un ramo de flores en la mano. La niña, que era muy sabia para su corta edad, le preguntó al dragón por qué estaba tan enojado, y le dijo que ella también amaba al bosque encantado y que quería ayudarlo a protegerlo.
El Dragón de los Ríos estaba sorprendido por la astucia de la pequeña y decidió escucharla. La niña le explicó que los humanos no eran todos malos, y que podían ser enseñados a amar y respetar el bosque encantado. Entonces, el Dragón de los Ríos decidió darle a los humanos una oportunidad.
La niña y el dragón se unieron para hablar con los humanos y explicarles la importancia de cuidar el bosque encantado. Los humanos escucharon atentamente y se dieron cuenta de que habían cometido un error al invadir el territorio del Dragón de los Ríos. En ese momento, prometieron cuidar el bosque y trabajar para preservar su belleza y flora.
Los humanos se marcharon y el Dragón de los Ríos regresó feliz a su pequeña laguna. La niña se despidió de él y le agradeció por escucharla. El Dragón de los Ríos le prometió cuidar el bosque encantado con el mismo amor que la niña y sus amigos solían hacerlo.
Desde aquel día en adelante, los humanos no volvieron a invadir el bosque encantado. En cambio, trabajaron para preservar su belleza y proteger a sus criaturas. El Dragón de los Ríos había conseguido enseñarles la importancia de respetar a la naturaleza.
Con el tiempo, la pequeña niña y el Dragón de los Ríos se convirtieron en buenos amigos. La niña visitaba al dragón a menudo, llevándole flores y hablando con él sobre el bosque encantado. El dragón estaba siempre dispuesto a escuchar y a aprender. Juntos, construyeron un mundo mágico en el que humanos y criaturas podían coexistir en armonía.
Y así es como el Dragón de los Ríos se convirtió en el protector del bosque encantado. Un símbolo de amor y respeto por la naturaleza, siempre asegurándose de que su hogar estuviera protegido y seguro para todas las criaturas que lo habitaban.