El gigante egoísta. Érase una vez un gigante egoísta que vivía en un hermoso jardín lleno de flores y árboles frutales. El gigante era muy vanidoso y no le gustaba jugar con otros niños, porque creía que eran inferiores a él.
Un día, mientras paseaba por su jardín, vio a un grupo de niños jugando en un rincón. El gigante se enojó mucho y decidió expulsarlos de su jardín. Así que construyó un muro alto y fuerte alrededor de su propiedad para que los niños no pudieran entrar.
Los días pasaron y el jardín del gigante se volvió aún más hermoso, pero el gigante se sintió muy solo sin la risa de los niños. Un día, mientras dormía en su cama, escuchó un canto hermoso que venía de su jardín. Se asomó por la ventana y vio a un pequeño y frágil bicho cantando una dulce melodía.
El gigante se conmovió por la belleza de la canción y se dio cuenta de que había estado siendo un egoísta y no había dejado que la belleza de la naturaleza y la alegría de los niños entrara en su jardín. Así que derribó el muro que había construido alrededor de su propiedad y abrió las puertas a los niños para que pudieran jugar y divertirse en su hermoso jardín.
Los niños, al principio, no confiaban en el gigante y temían por su vida. Pero el gigante les prometió que no les haría daño y les contó historias mientras compartía su comida con ellos. Los niños disfrutaron mucho en su jardín y el gigante se sintió muy feliz por haber aprendido una valiosa lección de empatía.
Los días pasaron y el gigante se hizo amigo de los niños. Cada día, después de que los niños terminaban su juego, el gigante los ayudaba a recolectar flores y frutas del jardín para llevarlos a sus casas. Los padres de los niños estaban muy agradecidos con el gigante y le agradecían por permitir que sus hijos disfrutaran en su jardín.
Un día, el gigante se enfermó y tuvo que ir al hospital. Los niños se preocuparon mucho por él y querían visitarlo en el hospital. Pero no sabían cómo llegar allí. Así que decidieron hacer una carta y pedir ayuda.
Cuando el gigante recibió la carta, se emocionó mucho por el amor y la preocupación que sentían los niños por él. Decidió ir a buscarlos al parque donde solían jugar y llevárselos consigo al hospital.
Los niños estaban muy felices de ver al gigante sano y fuerte de nuevo. Pasaron tiempo juntos en el hospital y le cantaron hermosas canciones para que se sintiera mejor.
Después de unos días, el gigante se recuperó por completo y les dijo a los niños que planeaba irse de viaje por un tiempo. Los niños se pusieron muy tristes al escuchar esto y le preguntaron cuándo volvería.
El gigante les prometió que volvería pronto y que traería consigo muchos juguetes y sorpresas especiales para todos ellos. Los niños se despidieron del gigante con lágrimas en los ojos y le desearon un feliz viaje.
El gigante se fue de viaje y visitó muchos lugares hermosos. Pero siempre pensaba en los niños y en su jardín. Extrañaba el sonido de sus risas y juegos, así que decidió regresar a casa antes de lo planeado.
Cuando llegó a casa, los niños lo estaban esperando con sus brazos abiertos. El gigante les dio muchos juguetes y dulces, y les dijo que nunca más volvería a ser egoísta y separarlos de su jardín.
Después de ese día, el gigante y los niños jugaron juntos todos los días y disfrutaron de la belleza de la naturaleza en su hermoso jardín. El gigante había aprendido la valiosa lección de empatía y se había dado cuenta de que compartir con los demás es lo que hace que la vida sea más feliz y significativa.
Y así, el gigante egoísta se convirtió en el gigante más bondadoso y amable que los niños jamás habían conocido. Y, a partir de ese día, su jardín se convirtió en un lugar lleno de alegría y felicidad para todos los que lo visitaron.