El Lobo y la Reina de las Hadas

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El Lobo y la Reina de las Hadas
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El Lobo y la Reina de las Hadas. Érase una vez en un bosque encantado, donde todos los seres mágicos vivían en armonía gracias a la Reina de las Hadas. Había minúsculos duendes, diminutos hadas y otras criaturas fantásticas que disfrutaban de su vida en ese lugar. Sin embargo, había un ser que no era tan amado por todos y ese era el Lobo. Él era el único depredador en el bosque y, aunque no atacaba a los seres mágicos, siempre estaban en guardia cuando lo veían.

Un día, la Reina de las Hadas decidió invitar al Lobo a cenar en su castillo. Todos estaban preocupados de que el Lobo tuviera malas intenciones, pero la Reina de las Hadas creía que no todos los lobos eran malos y que deberían darle una oportunidad.

Cuando llegó la noche de la cena, todos los seres mágicos estaban expectantes. El Lobo entró al castillo y, a pesar de su aspecto amenazador, se comportó con total cortesía y buenos modales. Al final de la cena, la Reina de las Hadas y el Lobo hicieron un trato. Si el Lobo era capaz de demostrar que podía ser un buen vecino para el bosque, la Reina de las Hadas le concedería un deseo.

El Lobo decidió aprovechar esa oportunidad para cambiar su imagen ante los seres mágicos del bosque. Comenzó a ayudar a todos los que lo necesitaban, y con el tiempo, se convirtió en un amigo para muchos. Los niños jugaban con él, y los mayores lo saludaban cada vez que lo veían.

Después de varios años, el Lobo se dirigió nuevamente al castillo de la Reina de las Hadas para pedir su deseo. La Reina de las Hadas le dijo que le concedería su deseo, pero le pidió que le dijera qué era lo que realmente deseaba.

El Lobo, que había pasado mucho tiempo pensando en su deseo, finalmente respondió con una gran sonrisa en su rostro:

«Quiero que todos los seres mágicos del bosque me vean como una luz brillante y amistosa, para que nunca más tengan miedo de mí».

La Reina de las Hadas sonrió y concedió su deseo. Desde aquel día, cada vez que alguien veía al Lobo, veían una luz brillante que parpadeaba detrás de él, demostrando que había cambiado para bien y que era un amigo para todos.

Érase una vez en otro bosque mágico, una Reina de las Hadas muy joven llamada Amara, que gobernaba con sabiduría y compasión. Ella tenía unos grandes ojos verdes, un cabello dorado y una risa contagiosa. Pero a pesar de toda esa belleza, su corazón estaba triste porque no tenía amigos. Todos los seres mágicos de su bosque se intimidaban con su belleza y no se acercaban a ella. Así que decidió que haría algo al respecto.

Un día, la Reina de las Hadas decidió disfrazarse y salir de su castillo para explorar el bosque en secreto. Durante su caminata, se encontró con un pequeño zorro y juntos descendieron por una colina. Después de un rato, encontraron una cueva misteriosa, donde descubrieron una bola de cristal. El zorro fue hacia ella y, repentinamente, la bola se encendió y los envolvió en su luz.

La Reina de las Hadas no sabía cómo salir de la bola de cristal, pero pronto se dio cuenta de que estaba en un mundo diferente, uno en el que ella no era una reina de las hadas. Era solo una chica normal como cualquier otra. Y lo mejor de todo es que había otras personas allí, personas que no la conocían y no se intimidaban ante su belleza.

En este mundo, Amara aprendió a ser feliz con amigos verdaderos y se dio cuenta de que la belleza no lo es todo. Al final, la bola de cristal desapareció y la Reina de las Hadas despertó en su verdadero mundo. Ahora sabía que podía encontrar amigos verdaderos en cualquier lugar y decidió que seguiría explorando su bosque para hacer nuevos amigos.

Desde aquel día en adelante, la Reina de las Hadas exploró su bosque mientras se hacía amiga de todos los seres mágicos. Le gustaba mucho pasar tiempo con los animales pequeños, los arcoíris y los unicornios.

Un día, se encontró con un zorro, el mismo zorro que había conocido en la cueva misteriosa. El zorro y la Reina de las Hadas se dieron cuenta de que se habían encontrado antes y comenzaron a hablar. La Reina de las Hadas no había olvidado lo que había aprendido en ese otro mundo y decidió que el zorro sería su mejor amigo. Un amigo que la aceptaba tal y como era. Juntos, exploraron el bosque y descubrieron más aventuras excitantes juntos.

Desde entonces, la Reina de las Hadas pasaba tiempo en secreto explorando su bosque para conocer a todos los seres mágicos. Hasta que un día, la magia la llevó a otro mundo y ella se dio cuenta de que ese mundo y ese bosque con seres fantásticos nunca desaparecerían.

Así es como aprendió una gran lección al buscar la felicidad en su belleza, fue su corazón el que la enamoró de esos amigos fantásticos.

Y así terminan nuestros cuentos, que a pesar de ser diferentes, tienen un mensaje similar. La amistad es una de las cosas más importantes de la vida, y a veces, solo hay que arriesgarse y dejar que la magia ocurra para encontrarla.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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