El lobo y las ovejas

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El lobo y las ovejas
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El lobo y las ovejas. Érase una vez un lobo solitario que vivía en una cueva en lo alto de una montaña. Él quería tener amigos con quien jugar y pasar el rato, pero todos los animales del bosque lo temían y evitaban.

Un día, el lobo decidió hacer algo para cambiar esa situación y decidió ir a hablar con las ovejas que pastaban en un campo cercano. Sabía que si lograba hacerse amigo de ellas, las demás criaturas del bosque podrían ver que él no era tan malo como pensaban.

Cuando llegó al campo, el lobo se acercó a las ovejas y les dijo: «¡Hola! Soy el lobo, ¿cómo están?».

Las ovejas, asustadas, se miraron unas a otras con desconfianza. «¿Qué quieres de nosotros, lobo? ¡No nos hagas daño!», dijo la oveja más grande y peluda del grupo.

El lobo comprendió que no le iba a resultar fácil ganarse su confianza. Así que, decidió hacer lo que haría cualquier amigo de verdad: demostrar con acciones su bondad.

Así, comenzó a ayudar a las ovejas en todo lo que necesitaran. Les llevaba agua fresca, las protegía de los otros depredadores del bosque y sacaba las malas hierbas de su pastizal. Las ovejas, poco a poco, empezaron a confiar en él y agradecieron su ayuda.

El lobo se sentía feliz cuando estaba con ellas. Y aunque tenía que irse a su cueva a descansar en la noche, siempre regresaba al amanecer para seguir pasando tiempo con sus nuevas amigas.

Un día, las ovejas estaban pastando en una colina cuando de repente apareció un zorro hambriento que intentó atacarlas. Las ovejas gritaron y comenzaron a correr en todas direcciones, pero el lobo, que estaba cerca, rápidamente se puso en frente del zorro salvándolas de inmediato.

Las ovejas quedaron agradecidas y supieron en ese momento que el lobo pese a su temible apariencia, siempre iba a estar para ayudarlas y protegerlas. Desde entonces, el lobo y las ovejas se hicieron inseparables. Ya no había temor ni desconfianza, sino una profunda amistad y lealtad.

Los otros animales del bosque, al ver esta conducta del lobo, también comenzaron a acercarse a él. El lobo les demostró que era un amigo leal y protector, que no venía a hacerles daño sino a formar parte de su comunidad.

Pasó el tiempo y el lobo se convirtió en el líder y protector de todas las especies del bosque. Nadie lo consideraba ya un enemigo sino un amigo. Las ovejas eran muy felices con su nuevo amigo, y sabían que podían contar con él siempre que lo necesitaran.

Un día, las ovejas se enfrentaron a un gran problema: un fuego se desató en su prado y amenazaba con destruir todo a su alrededor. Las ovejas estaban muy asustadas, pero el lobo acudió en su ayuda con los demás animales del bosque.

Él lideró el rescate de las ovejas y, gracias a su astucia y coraje, lograron apagar el fuego y salvar todo el pastizal. Las ovejas estaban tan agradecidas con su amigo lobo que dedicaron una gran fiesta en su honor. Y así, el lobo solitario que buscaba amigos había encontrado una familia, en el grupo de las ovejas.

La moraleja de esta historia es que no debemos juzgar a alguien por su apariencia. No siempre lo que parece malo o peligroso lo es en realidad. Debemos dar oportunidades a las personas y darles la posibilidad de demostrar su bondad. La empatía nos permite ponernos en el lugar del otro y entender sus sentimientos y situaciones. Siempre hay una oportunidad para hacer amigos y ser felices juntos.

Desde entonces, el lobo y las ovejas vivieron felices y en armonía, demostrando que la amistad y el amor no ven formas ni colores, sino sentimientos y acciones. El lobo había encontrado su verdadera manada y eran las ovejas más queridas y valoradas del bosque.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
El lobo y las ovejas
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