El Perro de la Ciudad de las Luces

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El Perro de la Ciudad de las Luces
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El Perro de la Ciudad de las Luces. Érase una vez en la Ciudad de las Luces, un perro muy especial. Era de una raza muy rara y hermosa con un pelaje brillante y una mirada tierna que hacía que todos se enamoraran de él. Vivía en un pequeño parque cerca del centro de la ciudad. A menudo, la gente lo veía paseando por las calles del centro, visitando los lugares más famosos y disfrutando de todo lo que la ciudad tenía para ofrecer.

Un día, mientras paseaba por el parque, el perro notó que se acercaba una familia con su mascota. Era un gato con un pelaje gris oscuro y unos ojos verdes que brillaban bajo el sol. La familia se sentó cerca del área de juegos y el perro se acercó a ellos para saludarlos. Se presentó y le preguntó al gato su nombre. El gato dijo que se llamaba Luna y que le encantaba explorar la ciudad durante el día.

Durante los siguientes días, el perro hizo amistad con Luna y juntos exploraron cada rincón de la Ciudad de las Luces, desde las tiendas más elegantes hasta los edificios más históricos. Cada vez que salían de paseo, descubrían algo nuevo sobre la ciudad y su gente. A medida que pasaba el tiempo, el perro y el gato se volvieron inseparables.

Sin embargo, había algo en la ciudad que les daba miedo. Era la Torre de la Oscuridad, un edificio enorme en el centro de la ciudad que siempre estaba oscuro, incluso cuando el sol brillaba con fuerza. La gente decía que nadie sabía lo que había allí dentro, y todos los animales de la ciudad lo evitaban.

Un día, mientras jugaban en el parque, el perro y Luna escucharon un grito desesperado. Era un niño pequeño que había perdido a su madre. Había ido a explorar la ciudad con ella, pero cuando se distrajo mirando a los artistas callejeros, la perdió de vista. El perro y Luna corrieron hacia el niño para ayudarlo. Luna lo acompañó mientras el perro recorría la ciudad buscando a la madre. Lo buscaron por todas partes, pasando por los edificios más grandes, por los callejones más oscuros y los lugares más remotos, pero no había rastro de ella.

De repente, se les ocurrió ir a la Torre de la Oscuridad. A pesar de que estaba oscuro y parecía un lugar aterrador, el perro y Luna pensaron que tal vez la madre estaba allí. Con gran valentía, entraron en la torre, ignorando los pequeños ruidos que escuchaban de vez en cuando.

Mientras buscaban a la madre del niño, se dieron cuenta de que en la torre había muchas salas secretas y pasajes ocultos que nadie conocía. Pasaron por habitaciones llenas de telarañas y pasillos estrechos. Finalmente, llegaron a una sala en la que había una mujer sentada en un trono. Era la madre del niño. Gracias a la ayuda del perro y de Luna, por fin la encontraron.

La madre estaba muy agradecida y le preguntó al perro cómo había sido tan valiente de entrar a la Torre de la Oscuridad. Él respondió con una sonrisa y dijo que confiaba en su instinto y en su amistad con Luna. A partir de ese día, la madre se convirtió en una gran amiga de los animales, permitiendo que su hijo los visitara libremente.

Desde entonces, el perro y Luna exploraron la ciudad con aún más alegría. Sabían que juntos podían hacer frente a todas las situaciones y superar todos los obstáculos. La Ciudad de las Luces se convirtió en su hogar, un lugar lleno de aventuras, amigos y amor. Y a partir de ese día, la Torre de Oscuridad, ya no fue tan aterradora, sino un lugar lleno de secretos y descubrimientos para dos amigos que nunca se dieron por vencidos ante la adversidad.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
El Perro de la Ciudad de las Luces
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