El Perro de la Ciudad de los Misterios

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El Perro de la Ciudad de los Misterios
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El Perro de la Ciudad de los Misterios. Érase una vez un perro llamado Max que vivía en la Ciudad de los Misterios. Max era un perro muy curioso y siempre estaba explorando las calles de la ciudad. Pero Max estaba un poco triste, pues todos los demás perros de la ciudad se burlaban de él por ser tan curioso.

Un día, Max estaba recorriendo las calles cuando se topó con una casa muy extraña. La casa tenía una puerta muy pequeñita, como si fuera para un ratón. Max decidió que tenía que investigar, así que se metió por la pequeña puerta y entró en la casa.

Dentro de la casa todo era muy oscuro, Max no podía ver nada. De repente, escuchó unos pasos cerca de él. Max se puso alerta y comenzó a caminar sigilosamente. Entonces, Max escuchó una voz muy dulce y suave que dijo: “Bienvenido, Max. Me alegra que hayas venido”.

Max se sorprendió mucho, pues nunca esperó escuchar una voz hablando por sí sola. Pero no se preocupó, pues la voz parecía muy amable. Entonces, Max decidió seguir su instinto y caminó hacia la voz.

De repente, la habitación donde estaba Max comenzó a iluminarse, y allí estaba un ser muy extraño: se trataba de un pequeño duende con una sonrisa muy grande. Max no podía creer lo que estaba viendo, pero decidió saludar al pequeño duende.

El duende se levantó y le dijo a Max: “Hola, Max. Mi nombre es Didi, y soy el duende protector de la Ciudad de los Misterios”. A Max le encantó conocer a Didi, y le preguntó por qué la casa era tan extraña.

Didi le explicó a Max que la casa era una casa encantada, y que dentro de ella vivían muchos seres extraños. También le dijo que los seres de la casa encantada estaban muy tristes porque no tenían a nadie con quien hablar, así que habían hecho la puerta pequeñita para que un perro como Max pudiera entrar a visitarlos.

A Max le dio mucha alegría conocer a los seres de la casa encantada, y desde ese día decidió que visitaría a Didi y a sus amigos con frecuencia. Así, día tras día, Max visitaba a Didi y a los seres extraños de la casa encantada, y se hacía amigo de todos ellos.

Pero un día, cuando Max estaba regresando a su casa después de una visita a la casa encantada, se topó con un problema. Había llovido mucho esa noche, y las calles estaban llenas de charcos de agua. Max no podía evitar saltar en los charcos de agua, pero se olvidó de que su dueño lo había dejado sin correa.

De repente, Max se dio cuenta de que se había perdido. No tenía idea de dónde estaba su casa, o cómo regresar a ella. Max comenzó a buscar, pero se sentía muy cansado y asustado. No sabía cómo encontrar su camino de regreso.

Max estaba tan preocupado que no se dio cuenta de que la noche había llegado. Entonces, empezó a sentir miedo, pues estaba solo y no sabía cómo llegar a casa. Pero de repente, recordó a Didi y a los seres extraños de la casa encantada. Pensó que ellos podrían ayudarlo a encontrar su camino de regreso.

Así que corrió hacia la casa encantada y llamó a la puerta pequeñita. Didi y sus amigos lo recibieron con muchos abrazos y le preguntaron por qué estaba tan triste. Max les explicó lo que había pasado, y Didi le dijo que no se preocupara.

Didi reunió a todos los seres de la casa encantada y les pidió que ayudaran a Max a encontrar su camino de regreso a casa. Todos estaban muy emocionados de poder ayudar al valiente perro. Entonces, Didi les dijo a todos que debían formar una cadena y llevar a Max de vuelta a casa.

Así, Didi lideró a la cadena de seres extraños y echaron a andar. Los seres iban liberando muchos brillos alrededor de Max y de todos ellos, brillos que iluminaban el camino para que Max pudiera ver un camino claro de regreso a casa. Además, iban guiando a Max para que no se perdiera en el camino.

Finalmente, llegaron a la casa de Max, y el dueño del perro se sorprendió mucho de ver a tantos seres extraños en su puerta. Pero Max estaba feliz de haber encontrado a sus amigos otra vez, y de que sus amigos lo hubieran ayudado a encontrar su camino de regreso a casa.

Desde ese día, Max no volvió a sentirse triste por ser demasiado curioso. Aprendió que la curiosidad lo había llevado a conocer a Didi y a los seres extraños de la casa encantada, y que ellos lo habían ayudado cuando se había perdido. Y se dio cuenta de que, incluso si era un poco diferente a los demás perros, eso era lo que lo hacía especial. Así que, desde entonces, Max se sentía muy orgulloso de ser un perro curioso.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
El Perro de la Ciudad de los Misterios
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