El Perro de la Luna Llena. Érase una vez en un pequeño pueblo rodeado de montañas, que se encontraba al lado de un río cristalino, vivía un perro llamado Luna. Era de tamaño mediano y tenía un pelaje blanco y negro que brillaba en la oscuridad. Luna era un perro feliz que solía pasar los días corriendo y jugando con sus amigos en el parque del pueblo.
Un día, Luna se despertó en medio de una noche de luna llena y algo extraño le sucedió. De repente, comenzó a sentir un cosquilleo en su piel y un profundo temblor en su cuerpo. Luna intentó ignorar esas sensaciones extrañas, pero no lograba calmarse. Así que, decidió caminar por el pueblo para alejar esas sensaciones de su cuerpo.
Mientras caminaba, Luna notó que su cuerpo comenzaba a cambiar y una fuerza desconocida lo impulsó a correr como nunca antes lo había hecho. Corrió y corrió hasta que llegó a una montaña gigante y allí alcanzó la cima.
Luna miró hacia el cielo y vio una luna llena, mucho más grande y brillante de lo que jamás había visto antes. De repente, se dio cuenta de que esta luna era diferente de la que había visto antes. Tenía una sonrisa dibujada en ella y parecía llamar a Luna para que se uniera a ella.
Intrigado, Luna comenzó a acercarse a la luna llena y descubrió que podía saltar hacia ella. No lo pensó dos veces, saltó y se encontró en un mundo nuevo y desconocido.
Luna estaba emocionado y feliz, pero también un poco asustado de estar solo en un lugar desconocido. Sin embargo, pronto descubrió que no estaba solo en ese mundo. Al mirar a su alrededor, vio que había otros animales como él. Había un gato negro con ojos amarillos, un ratón con una cola larga y esponjosa, un conejo blanco con patas largas, un perro marrón con manchas negras y muchos más.
Luna se acercó y comenzó a hablar con ellos. Descubrió que todos eran animales que, como él, habían saltado hacia la luna llena y habían llegado a ese mundo mágico. Allí, todo era diferente. Los árboles eran más grandes, las flores eran más hermosas, el cielo era más brillante y todo lo que Luna conocía en su mundo tenía un brillo especial en ese mundo.
Luna pasó allí muchos días acompañado por otros animales. Exploró el nuevo mundo, jugó con sus nuevos amigos y disfrutó del clima perfecto que siempre tenía.
Sin embargo, Luna comenzó a echar de menos a su hogar, a su familia y a sus amigos. Entonces, decidió emprender el camino de regreso y volver a su mundo.
La vuelta a casa no fue fácil, pero con la ayuda de sus nuevos amigos, Luna logró saltar de vuelta a su mundo. Sin embargo, al llegar a casa, se dio cuenta de que había estado lejos por mucho tiempo y que su familia y amigos lo extrañaban.
A partir de ese momento, Luna comenzó a vivir su vida más plenamente, agradecido por la aventura que lo había llevado a descubrir un nuevo mundo. Siempre recordaba que había un lugar mágico en el que todo era posible y que nunca debía dejar de buscar aventuras y lugares nuevos por descubrir.
Desde entonces, Luna solía mirar hacia la luna llena y sonreír, sabiendo que había descubierto un mundo mágico y que siempre lo llevaría en su corazón.
Y así, Luna se convirtió en el perro de la luna llena, quien cada noche miraba al cielo y recordaba la aventura que tuvo en ese mundo mágico. Siempre dispuesto a contar la historia a cualquiera que quisiera escucharla, Luna se convirtió en una leyenda en el pequeño pueblo rodeado de montañas.
Y cuando la luna llena brillaba en el cielo, las personas del pueblo solían mirar hacia ella y recordar la historia del perro Luna, quien descubrió el mundo mágico que se escondía en la luna llena.