El Príncipe de los Piratas. Érase una vez una isla en la que reinaba el temido Príncipe de los Piratas. Todos los habitantes de la isla vivían con miedo de ser saqueados por él y su tripulación.
Un día, llegó a la isla un pequeño niño llamado Tomás. Él venía en busca de aventuras y decidió seguir a los piratas para conocerlos mejor. Cuando llegó al barco pirata, el Príncipe lo encontró escondido y le preguntó qué hacía allí.
Tomás le dijo que venía en busca de aventuras y que quería saber si podía unirse a su tripulación. El Príncipe, al ver lo valiente que era el niño, decidió darle una oportunidad y le permitió unirse a su tripulación.
Desde ese día, Tomás se convirtió en el mejor amigo del Príncipe de los Piratas y juntos comenzaron a navegar por el mar en busca de aventuras y tesoros.
En una de sus aventuras, Tomás y el Príncipe encontraron un mapa del tesoro que los llevó a una isla muy lejana. Al llegar allí, descubrieron que el tesoro estaba escondido en una cueva muy oscura y peligrosa.
El Príncipe estaba seguro de que Tomás no estaría a salvo si entraba en la cueva con él, pero el niño insistió en que quería ayudar a su amigo a encontrar el tesoro.
Finalmente, el Príncipe aceptó la ayuda de Tomás y juntos entraron en la cueva. Después de sortear muchos peligros como serpientes, trampas y la falta de luz, llegaron al lugar donde se encontraba el tesoro.
Pero al abrirlo, se dieron cuenta de que el tesoro no era oro ni joyas, sino un cofre lleno de libros.
El Príncipe, que sabía leer y escribir muy bien, tomó uno de los libros y comenzó a leerlo con mucho interés. Pronto, Tomás también se unió a la lectura y juntos descubrieron la magia de los libros.
De repente, el Príncipe tuvo una idea maravillosa. En vez de seguir robando a las personas y ocasionándoles miedo en su isla, podían usar los libros para contar sus aventuras y enseñar a otros la importancia del trabajo en equipo y la valentía.
Así, el Príncipe de los Piratas y Tomás dejaron de ser temidos por la gente en su isla y comenzaron a compartir sus aventuras y enseñanzas a través de los libros.
Ahora, cada vez que llegan a una nueva isla, no solo buscan aventuras y tesoros, sino que también comparten los libros que encontraron en aquella cueva, convirtiéndose en los mejores amigos y protectores de la literatura en el mar.
Y así, el Príncipe de los Piratas y Tomás descubrieron que el verdadero tesoro no estaba en los cofres llenos de oro ni joyas, sino en los libros que les enseñaron el valor de la amistad y la generosidad.