El Príncipe en el Castillo de la Luna. Érase una vez en un reino muy lejano, un valiente príncipe que se decidía a explorar el Castillo de la Luna. La leyenda cuenta que éste era un sitio encantado, lleno de secretos y misterios. El príncipe se preparó para la expedición y escogió cuidadosamente a un grupo de valientes que lo acompañarían en la aventura.
Apenas el sol se asomó por el horizonte, el príncipe y su equipo emprendieron la marcha. El camino era largo y lleno de obstáculos, pero ellos no se dieron por vencidos. Guiados por un mapa antiguo, lograron encontrar el castillo y comenzaron a explorarlo.
El castillo estaba construido de mármol negro y en cada pared habían grabados extraños símbolos y figuras que les resultaban enigmáticas. A medida que avanzaban por las estancias, descubrían objetos muy extraños. Veían espejos que no reflejaban ni su propia imagen, armarios que se abrían solos y habitaciones que desaparecían de repente.
Intrigados por el castillo y sus misterios, los aventureros continuaron explorando, ignorando las advertencias que les decían que el lugar era peligroso.
En una de las estancias, el príncipe encontró una habitación que parecía ser la más importante del castillo. La puerta estaba sellada con un enorme candado y tenía inscrito en la cerradura el número siete. El príncipe se empeñó en abrirla, pero ninguna de las llaves en su poder funcionó.
Decidido a descubrir qué había detrás de esa puerta, el príncipe pidió ayuda a sus compañeros. Trabajando juntos, encontraron un pequeño secreto en la cerradura. Había que girar la llave hacia la derecha seis veces, y luego, una vez a la izquierda. Con mucho cuidado, las llaves hicieron exactamente eso y la puerta se abrió de golpe.
Al traspasar la puerta, el príncipe y sus amigos quedaron maravillados. Ahí, en el centro de la habitación, estaba un cofre de cristal que emitía una luz brillante, opalescente. Maravillados y deslumbrados por la luz del cristal, se acercaron al cofre y, al abrirlo, descubrieron que adentro había un abanico con plumas de colores y un collar de diamantes gigantes.
Sin embargo, cuando los aventureros tomaron los objetos, escucharon un reloj de arena en la habitación. Giraron la cabeza para buscar el sonido, cuando descubrieron que un unicornio había aparecido y estaba frente a ellos.
El unicornio se les presentó y les reveló que el cofre era peligroso. Le pertenecía al hada más poderosa y malvada de todas. La hada había escondido en el cofre el origen de su poder y quienes se atrevieran a tocarlos sufrirían las consecuencias.
Atentos a lo que el unicornio les explicaba, el príncipe se dio cuenta del error cometido y, con mucha precaución, devolvieron los objetos al cofre. La puerta de la habitación se cerró, y el príncipe y sus amigos dieron la vuelta al castillo para regresar a su reino.
A partir de ese momento, el príncipe aprendió la lección de que no se deben tocar objetos peligrosos, que muchas veces los tesoros no son lo que parecen, y que cualquier aventura, por muy emocionante que parezca, tiene sus peligros.
El príncipe y sus amigos nunca olvidarán la emocionante expedición al Castillo de la Luna, pero recordarán siempre que el verdadero valor no está en las riquezas, sino en la sabiduría y las experiencias que se adquieren en el camino.
Y colorín colorado, este cuento de aventuras y misterios ha terminado. ¡Que la próxima vez que quieras explorar un lugar desconocido, recuerda la historia del príncipe y el Castillo de la Luna!