El Príncipe en el Laberinto

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El Príncipe en el Laberinto
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El Príncipe en el Laberinto. Érase una vez un príncipe llamado Eduardo, quien se aburría en su castillo sin nada que hacer. Él quería salir y explorar el mundo fuera de las paredes de su casa.

Un día, mientras caminaba por los jardines del castillo, se topó con un hermoso jardín de laberinto. Quienquiera que se adentrara en ese laberinto, decían, no podía encontrar la salida. El príncipe Eduardo se emocionó por la aventura y decidió entrar.

Pronto, el príncipe se perdió en el laberinto. No importaba cuánto caminara, siempre parecía acabar en el mismo lugar. Mientras se movía, escuchó un pequeño sonido. Era un pájaro que estaba atrapado en el laberinto con él. Eduardo decidió ayudar al pequeño animal, pero la única manera de hacerlo sería encontrar la salida del laberinto.

Día tras día, el príncipe caminó sin descanso, buscando la salida del laberinto. Pero, no importa cuanto tiempo pasaba, nunca parecía llegar a la salida. Cada día, el pájaro se debilitaba, pero el príncipe nunca perdió la esperanza. Él sabía que tenía que encontrar la salida, no solo para el pájaro, sino también para sí mismo.

Un día, el príncipe se encontró con un anciano sabio que estaba sentado en una roca en el centro del laberinto. El sabio, quien había vivido en el laberinto durante muchos años, le preguntó al príncipe por qué estaba allí.

El príncipe le habló del pequeño pájaro atrapado en el laberinto, y cómo él quería ayudarlo pero no podía encontrar la salida. El sabio sonrió y le dijo que había una manera de salir pero que debía responder tres preguntas primero.

La primera pregunta fue: «¿Cómo llegaste al laberinto?» El príncipe respondió que simplemente había entrado en el jardín para explorar y había visto el laberinto.

La segunda pregunta fue: «¿Qué motivó al príncipe a seguir buscando la salida?» El príncipe respondió que su deseo de ayudar al pequeño pájaro lo mantuvo en movimiento.

Finalmente, la tercera pregunta fue: «¿Qué es lo más importante para el príncipe en la vida?» El príncipe detuvo por un instante y luego respondió: «Lo más importante para mí en la vida es ayudar a los demás y hacer el bien en el mundo»

El anciano sabio se levantó y le dijo al príncipe que había entendido sus respuestas y, como recompensa, lo llevaría a la salida del laberinto. El sabio señaló un camino lateral que el príncipe había ignorado antes y le indicó que lo siguiera. Al principio Eduardo no estaba seguro, pero luego decidió seguir ese camino.

Poco a poco, y después de muchas vueltas más en el laberinto, el príncipe finalmente llegó a una puerta que daba al exterior. El pájaro, que había estado viajando en su hombro, voló hacia el cielo y Eduardo grito emocionado. Finalmente había encontrado la salida, ¡y todo gracias a sus buenas intenciones!

El príncipe Eduardo había aprendido una lección valiosa: que la paciencia, la perseverancia y tener buenas intenciones son la clave para encontrar el camino correcto en la vida. Y lo más importante, descubrió que ayudar a los demás siempre lleva a las recompensas más grandes.

Desde ese día en adelante, Eduardo salía a menudo del castillo para explorar el mundo. Y, para mostrar su gratitud, dio órdenes de que se plantaran flores y árboles en el laberinto y, para que nadie más se perdiera, se colocaron señales en las zonas indicando el punto de partida y el final del camino. También decidió que cada año, celebraría un concurso para los mejores jugadores del laberinto y les daría una bolsa de oro como premio.

Y así, el príncipe Eduardo recorrió el mundo, siempre ayudando a los demás y buscando nuevas aventuras, sabiendo que siempre encontraría su camino gracias a su perseverancia y fuerza interior. Y nunca olvido la lección del sabio anciano del laberinto, quien le enseñó que las recompensar más grandes siempre esperan a aquellos que buscan ayudar y sorprender al mundo con su optimismo y entusiasmo.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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