El Príncipe y la Bestia

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El Príncipe y la Bestia
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El Príncipe y la Bestia. Érase una vez en un reino muy lejano, un joven príncipe llamado Eduardo. Él era un joven apuesto, valiente y bondadoso. Siempre ayudaba a las personas necesitadas y eso lo hacía muy feliz. Sin embargo, la gente del reino tenía miedo de un monstruo que vivía en una cueva cerca del bosque.

Un día, el príncipe Eduardo decidió enfrentar sus miedos y fue en busca del monstruo para derrotarlo. Después de un largo camino, llegó a la cueva donde se encontraba la bestia. Eduardo se armó de valor, entró en la cueva y se encontró cara a cara con el monstruo. Para su sorpresa, el monstruo no era más que un lindo y peludo animal.

El príncipe Eduardo se acercó lentamente al animal y notó que tenía una herida en su pata. Así que, decidió curar a la bestia y llevarla al castillo para cuidarla y que se recuperara. La bestia se instaló en una habitación del castillo y Eduardo le procuró todo lo que necesitaba. La bestia era muy agradecida y, poco a poco, comenzó a confiar más en el príncipe.

Con el paso de los días, el príncipe Eduardo se dio cuenta de que la bestia era una criatura muy especial. Tenía el don de hablar y, a través de sus palabras, Eduardo descubrió que era un príncipe, como él, que había sido encantado por una bruja malvada. La única forma de romper el hechizo era encontrar el amor verdadero.

Eduardo decidió ayudar a la bestia a romper el hechizo y buscar al amor de su vida. Así que, ambos salieron a la búsqueda de la persona que pudiera amar al príncipe encantado. Pasaron muchos días y finalmente encontraron a una princesa muy especial.

La princesa era una persona bondadosa, amable y valiente. Ella se enamoró de la bestia y lo aceptó tal y como era. Al poco tiempo, el hechizo fue roto y la bestia volvió a ser un príncipe humano, feliz y libre.

La princesa y el príncipe se enamoraron y vivieron felices para siempre. Pero el príncipe Eduardo no pudo encontrar a la princesa de sus sueños y se sintió un poco triste. Sin embargo, la bestia le recordó lo importante que es ayudar a los demás y que siempre hay una recompensa por ser bondadoso.

El príncipe Eduardo decidió salir en busca de la felicidad. Y en su camino se encontró con muchas personas que necesitaban su ayuda, y ayudándolas, encontró su propia felicidad.

Así, el reino vivió en paz y armonía gracias a la bondad de su joven príncipe. Y cada vez que alguien tenía miedo de enfrentar sus miedos, recordaban la historia de Eduardo y la Bestia, y sabían que, en cualquier momento, podían encontrar la felicidad si eran valientes y bondadosos.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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