El Príncipe y la Sirena. Érase una vez, en un reino lejano, un joven príncipe llamado Enrique. Era un príncipe valiente pero también soñador y su mayor deseo era conocer el mar.
Un día, Enrique decidió hacer realidad su sueño y se embarcó en un barco, navegando lejos de su reino en busca del mar. Pero cuando llegó al mar, se encontró con una sirena solitaria y triste, que lloraba desconsolada en una roca. La sirena le contó al príncipe que había perdido su collar mágico en las profundidades del mar y que no podía regresar a su hogar sin él.
Enrique se compadeció de la sirena y se ofreció a ayudarla a encontrar su collar mágico. Juntos, se sumergieron en el mar y comenzaron a explorar sus profundidades.
Buscaban y buscaban, pero no encontraban el collar mágico en ningún lugar. Entonces, la sirena le dijo al príncipe que había que ir más profundo, donde vivían seres mágicos.
Enrique tenía miedo, pero quería ayudar a la sirena y aceptó seguir buscando. Pronto se encontraron con una ciudad mágica, llena de seres maravillosos con colas de pez y escamas brillantes.
Pero al llegar a la ciudad, fueron capturados por los habitantes de la ciudad. Habían violado las leyes del mar y debían pagar por ello. La sirena intentó explicar que solo buscaban su collar mágico y que el príncipe solo quería ayudarla. Pero los habitantes del mar no los creyeron y fueron condenados a muerte.
Cuando iban a ser ejecutados, la sirena le hizo una petición a los habitantes del mar. «Por favor, déjennos vivir si encuentro mi collar mágico». Los habitantes del mar aceptaron y se llevaron a la sirena a buscar el collar.
Pasaban las horas y el príncipe Enrique esperaba angustiado en el fondo del mar. Pero de repente, la sirena regresó con su collar mágico y se lo colocó en su cuello. Los habitantes del mar, emocionados por la valentía y la honestidad de la sirena, perdonaron la vida del príncipe y la sirena.
Gracias a la ayuda del príncipe Enrique y su valentía, la sirena recuperó su collar mágico y lograron escapar sanos y salvos de la ciudad mágica. Al llegar a la superficie, el príncipe Enrique se despidió de la sirena y se dirigió de vuelta a su reino.
Mientras navegaba de regreso, Enrique pensaba en todo lo ocurrido. Aprendió una valiosa lección de amistad y compañerismo, y recordó lo que es ser verdaderamente valiente: estar dispuesto a ayudar a otros sin esperar nada a cambio.
Cuando Enrique llegó a su castillo, todos estaban curiosos por saber qué había aprendido. El príncipe les contó su aventura y cómo había encontrado en la sirena a una amiga verdadera.
La gente del castillo se dio cuenta de que el príncipe había cambiado. Ya no era solo un príncipe valiente y soñador, sino también un príncipe amable y compasivo.
Y así, Enrique y la sirena se convirtieron en amigos inseparables y siempre recordarían su aventura juntos en el fondo del mar.