El Ratón y la Casa de los Sueños. Érase una vez un pequeño ratón llamado Tito que vivía en una pequeña madriguera en el bosque, debajo de un árbol en la base de una colina. Tito era un ratón feliz, siempre ocupado buscando comida, explorando su casa y jugando con sus amigos del bosque.
Un día, mientras Tito estaba jugando, vio una hermosa casa en la cima de la colina. La casa tenía un techo rojo y paredes blancas con ventanas relucientes. Tito se preguntó quién vivía allí y decidió escalar la colina para investigar.
Cuando llegó a la cima, Tito vio que la casa estaba cerrada y aparentemente vacía. Intentó encontrar una forma de entrar, pero todas las ventanas y puertas estaban cerradas. Mientras intentaba buscar una entrada, Tito notó que las ventanas estaban cubiertas por cortinas de colores.
Un poco triste por no poder entrar, Tito decidió volver a su madriguera, pero en su camino de regreso, vio una pequeña puerta oculta debajo de una enredadera. Decidió inspeccionarla y cuando la abrió, se encontró con un hermoso jardín.
El jardín estaba lleno de flores brillantes y hermosas, árboles frutales y una fuente en el centro. Tito se sorprendió de haber encontrado un lugar tan hermoso. Sin embargo, no era el final, ¡todavía había más! En una esquina del jardín, Tito vio una pequeña cabaña con una puerta entreabierta. Tito se burló de sí mismo ya que sintió la curiosidad subir y decidió mirar adentro.
La cabaña tenía una chimenea calentita y una cómoda silla junto a ella. Tito se acurrucó en la silla y de repente se durmió.
Cuando Tito abrió los ojos, se dio cuenta de que estaba en una habitación diferente. La habitación estaba llena de juguetes, libros y una cama hecha a medida para un ratón. Tito no podía creer lo que veía. No solo había encontrado una casa hermosa, sino que también había encontrado su casa de ensueño.
Mientras exploraba la casa de los sueños, Tito encontró una pequeña nota. La nota decía: «Bienvenido Tito, esta es tu casa de ensueño. Espero que puedas encontrar todo lo que necesites para ser feliz aquí».
Tito se sintió tan agradecido con quienquiera que hiciera esta casa. Él no sabía cómo decírselo, pero sabía que estaba muy contento. Tito decidió quedarse en la Casa de los Sueños, pero aún no conocía quien vivía ahí.
Una noche, Tito estaba buscando algo de cenar en la cocina cuando oyó un ruido. El ruido se volvió más fuerte y Tito se asustó. Entonces, de repente, la puerta se abrió y Tito vio a una persona en la puerta.
Se trataba de la dueña de la casa. Tito se sintió como si estuviera cogido en el acto y pensó que la dueña de la casa lo mataría. Sin embargo, la dueña de la casa era una mujer amable y comprensiva. Lejos de enojarse por la intrusión de Tito, ella estaba encantada de ver a un ratón tan valiente.
Le pidió a Tito que la acompañara al jardín, donde ella había creado la casa de los sueños para un ratón que seguramente vendría. Pero al ver a Tito viviendo allí, ella decidió adoptarlo como su mascota y le preguntó si le gustaría quedarse allí. Tito no podía creer su suerte y aceptó encantado.
Desde ese día en adelante, Tito vivió feliz en su hermosa casa de ensueño, explorando el jardín, jugando con los juguetes y durmiendo en su cama suave y cómoda. La dueña de la casa tomó a Tito como su propio hijo y lo cuidó siempre.
Tito aprendió que a veces cuando menos lo esperas, las cosas increíbles pueden suceder en la vida. Y aunque la casa de los sueños no era suya, pronto se convirtió en su hogar y en la casa que siempre había soñado.