El zorro y el cuervo. Érase una vez, en un bosque muy lejano, vivían muchos animales de diferentes especies. Entre ellos, destacaba el zorro, un astuto animal que siempre conseguía lo que quería a costa de engañar a los demás. Por otro lado, estaba el cuervo, un ave inteligente y divertida, que siempre disfrutaba de su libertad en el bosque.
Un día, el zorro decidió hacerle una broma pesada al cuervo. Se había enterado de que éste tenía la costumbre de posar en la rama de un árbol y cantar alegremente, lo que el zorro encontraba bastante gracioso. Así que, decidió acercarse sigilosamente al cuervo y comenzó a aplaudir su canto.
El cuervo, confiado en su habilidad para cantar, se sintió halagado y decidió cantar aún más fuerte para impresionar al zorro. Sin embargo, en el momento en que abrió su pico para emitir una nota alta, se percató de que el zorro estaba allí solo con un propósito: robarle su comida.
El zorro había visto al cuervo guardar algunas semillas en un agujero del árbol y quería arrebatárselas para sí. El problema era que el cuervo, además de ser buen cantante, era muy astuto. Sabía que no podía confiar en el zorro, pero también entendía que no podía simplemente dejar que le quitaran lo que había guardado con tanto esfuerzo.
Después de pensarlo un poco, el cuervo decidió hacerle un truco al zorro. Comenzó a imitar la voz de un anciano sabio y le dijo:
– Zorro, zorro, ¿no sabes que la verdadera belleza está en el canto y la libertad? ¿Por qué molestas al cuervo quién no te ha hecho daño?
Al escuchar la voz del supuesto anciano sabio, el zorro se sorprendió y bajó la guardia. Dejó de pensar en robarle al cuervo su comida y se acercó al árbol para escuchar al sabio anciano. Y entonces, el cuervo aprovechó ese momento de distracción para recoger sus semillas y salir volando hacia la rama más alta del árbol.
El zorro, al ver que el cuervo se había burlado de él, se enfureció y comenzó a gritarle y a insultarle. Pero el cuervo, astuto como siempre, solo se rió y le recordó al zorro que la verdadera belleza está en la empatía y en la capacidad de entender y respetar los sentimientos de los demás. Le dijo que podía haberle robado las semillas, pero decidió hacerle un favor y perdonarle en lugar de culparle.
El zorro, quien nunca había pensado en las cosas desde el punto de vista de los demás, reflexionó sobre lo que le había dicho el cuervo. Se sintió un poco avergonzado por lo que había hecho y comprendió que no debería engañar y hacer daño a los demás sólo porque sí.
Desde ese día, el zorro decidió que iba a cambiar su forma de ser. A partir de ese momento comenzó a tratar a los demás animales con respeto y a veces incluso les ayudaba en la búsqueda de comida o en la construcción de refugios. El cuervo, por su parte, mantuvo su actitud inteligente y divertida, pero también mostró su compasión y amistad hacia el zorro.
Los otros animales que observaban los comportamientos del zorro y el cuervo, notaron la transformación del primero y comenzaron a tratarle con más confianza y respeto. A su vez, el zorro se dio cuenta de lo positivo que había sido el cambio en su actitud y se sintió más cómodo y feliz en su entorno.
Así, la historia del zorro y el cuervo en el bosque se volvió un ejemplo para todos los animales, quienes aprendieron que la empatía y el respeto hacia los demás vuelve más fuertes y unidos a quienes los practican. Y así, se creó una comunidad más amigable y solidaria para todos los habitantes del bosque.
FIN.