La bruja y el árbol de los deseos

Tiempo de lectura: 4 minutos

La bruja y el árbol de los deseos
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La bruja y el árbol de los deseos. Érase una vez una pequeña aldea rodeada de un extenso bosque en el que habitaba una misteriosa bruja. La gente de la aldea tenía miedo de acercarse al bosque y, mucho menos, de interactuar con la bruja, ya que se decía que ella tenía poderes oscuros y maliciosos.

Sin embargo, un día, un joven llamado Miguel, decidió aventurarse en el bosque en busca de la bruja. Su madre estaba enferma y no podía permitirse los costosos tratamientos médicos. Miguel había oído hablar de un árbol mágico que había en el bosque y que, se decía, podía conceder un solo deseo.

Miguel había oído hablar de la bruja y de su capacidad para conceder deseos, así que decidió que era su última esperanza. Después de recorrer un largo camino, finalmente llegó a la casa de la bruja. A pesar de sentir miedo, se armó de valor y llamó a la puerta.

– ¿Quién es? -dijo una voz ronca desde dentro.

– Soy Miguel -respondió el joven-. He venido a pedirle un deseo para mi madre enferma.

– Hmmpf, ya veo. Deja que lo piense un poco -dijo la bruja abriendo la puerta y dejando pasar a Miguel.

La bruja pidió un poco de tiempo al joven para preparar una poción especial para su madre enferma y le habló del árbol mágico que se encontraba en el corazón del bosque. «Si quieres, puedo llevarte hasta allí», dijo la bruja.

Miguel aceptó gustosamente la oferta. Después de varios minutos de caminata por el bosque, llegaron a un claro en el que se encontraba el árbol mágico. La bruja le explicó a Miguel que la única forma de que el árbol concediera el deseo de su madre era presentar una oferta al árbol.

– Tienes que ofrecer algo del valor igual al de tu deseo -le dijo la bruja-. ¿Qué es lo que quieres pedirle al árbol?

Miguel no dudó ni un segundo. Lo que más deseaba era la cura para su madre.

– ¿Qué puedo ofrecerle? -preguntó Miguel, preocupado.

– El árbol acepta ofrendas diferentes: puede ser una moneda valiosa, una joya, algo que sea importante para ti -dijo la bruja-. Solo recuerda que el objeto que ofrezcas debe tener el mismo valor que el del deseo que deseas pedirle.

Miguel se quedó pensando. Su familia no era rica y no tenía nada valioso que ofrecerle al árbol. De repente, recordó que su madre le había regalado una cadena de plata cuando era pequeño. No era una joya valiosa, pero sí tenía un gran valor sentimental para él. Sin dudarlo, decidió ofrecer la cadena al árbol.

– Muy bien -dijo la bruja-. Ofrece tu objeto al árbol y pide tu deseo en voz alta.

Miguel se acercó al árbol y colocó la cadena alrededor de una de sus ramas. Luego, cerró los ojos y pidió en voz alta:

– ¡Por favor, haz que mi madre se cure de su enfermedad!

Pasaron unos segundos en silencio, luego, el árbol comenzó a vibrar y las hojas empezaron a brillar. De repente, una luz brillante envolvió a Miguel y la cadena desapareció del árbol. Entonces, Miguel supo que el árbol había concedido su deseo.

– ¡Lo hizo! -exclamó Miguel, mirando a la bruja con emoción-. El árbol concedió mi deseo.

La bruja asintió, sonriendo.

– Sí, lo hizo -dijo la bruja-. Ahora, ve a casa y cuídate mucho. Tu madre necesitará tu ayuda más que nunca.

De regreso en casa, Miguel encontró a su madre curada y saludable. La felicidad inundó su corazón y supo que debía estar agradecido por el regalo del árbol mágico. Cada vez que pasaba por el bosque o por la casa de la bruja, solía ofrecer una flor, una fruta o una pequeña ofrenda como agradecimiento por el deseo concedido.

Desde entonces, Miguel nunca dejó de visitar a la bruja en el bosque y, a menudo, llevaba consigo una pequeña ofrenda para el árbol mágico. Se convirtió en un amigo cercano de la bruja y, en cierta forma, su tutor en los secretos del bosque. Se convirtió en el joven que sabía cómo las cosas funcionaban en el mundo de la magia. Y, aunque muchos le temían, la bruja sabía que podía confiar en él.

Y así, el joven Miguel y la bruja del bosque vivieron felices para siempre, agradecidos por la bondad del árbol mágico.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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