La bruja y el arco iris de la justicia. Érase una vez, en un pequeño pueblo rodeado por montañas y ríos, vivía una bruja que se dedicaba a hacer pociones y hechizos para ayudar a las personas del lugar. Siempre había sido muy querida por todo el pueblo debido a sus habilidades y su gran corazón.
Un día, un hombre llegó al pueblo con malas intenciones. Quería apoderarse del pequeño pueblo y convertir a sus habitantes en esclavos. La bruja rápidamente se dio cuenta de esto y decidió hacer algo al respecto.
Esa noche, la bruja salió de su casa y comenzó a caminar hacia el bosque. Allí, se sentó en el suelo y comenzó a meditar, pidiéndole al universo una solución para ayudar a su pueblo.
De repente, un arco iris apareció en el cielo. No era un arco iris común, sino uno con colores más brillantes y vibrantes que nunca había visto antes. La bruja entendió que este arco iris podría ser una respuesta a su pedido y decidió seguirlo.
Comenzó a caminar guiada por el arco iris hasta que llegó a una pequeña cabaña en el bosque. En la cabaña vivía una anciana que se dedicaba a cuidar de los animales del bosque y a ayudar a las personas que lo necesitaban.
La bruja contó a la anciana lo que estaba sucediendo en el pueblo y cómo el hombre quería apoderarse de él. La anciana pensó por un momento y luego le dijo a la bruja que sabía cómo podría ayudar a su pueblo.
Le contó a la bruja sobre una flor extremadamente rara que crecía en la cima de la montaña más alta de la región. Esta flor tenía propiedades mágicas y podía crear una poción que traería justicia para el pueblo.
La anciana le dio a la bruja un mapa para encontrar la flor y le advirtió que el camino era peligroso y solo el más valiente podría llegar a la cima de la montaña.
La bruja agradeció a la anciana y comenzó su viaje hacia la cima de la montaña. El camino era difícil, el clima no ayudaba y habían muchos obstáculos en el camino. Pero ella no se rindió y finalmente llegó a la cima.
Allí, encontró la flor que la anciana le había hablado y comenzó su regreso al pueblo. Pero el hombre que quería apoderarse del pueblo se había enterado de lo que estaba sucediendo e intentó detenerla.
Fue una lucha intensa, pero la bruja logró derrotar al hombre y devolver la justicia a su pueblo utilizando la poción hecha con la flor mágica.
A partir de ese día, la bruja se convirtió en una heroína en su pueblo, y la gente continuó acudiendo a ella para recibir ayuda y consejos en todos sus problemas. El arco iris de la justicia, gracias a su esplendor, se convirtió en un símbolo de esperanza para todos los habitantes del lugar.
Con su valentía y determinación, la bruja había demostrado que un solo individuo puede hacer la diferencia y que incluso los más pequeños pueblos pueden ser reinos de justicia si hay personas valientes y buenas allí.
Desde ese día, la bruja y la anciana de la cabaña en el bosque se convirtieron en grandes amigas, y juntas ayudaron a muchas personas en todo el mundo. Sabían que las cosas más importantes en la vida eran el amor, la amistad y la justicia. Y así, vivieron felices para siempre, guiando a aquellos que necesitaban ayuda.