La bruja y el bosque de las sombras

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La bruja y el bosque de las sombras
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La bruja y el bosque de las sombras. Érase una vez en el corazón de un bosque imponente y oscuro, se encontraba la bruja más temida de todas las tierras. Su fama llegaba hasta los faros más lejanos y cada vez que corría la voz sobre ella, el miedo se apoderaba de los corazones de los habitantes cercanos. Se decía que poseía poderes oscuros e insondables, que era capaz de hacerle la vida imposible a cualquier ser humano que se cruzara en su camino y que en el corazón de su hogar, el Bosque de las Sombras, escondía terribles secretos.

Pero para aquellos que la conocían y habían sido testigos de su obra, sabían perfectamente que nada de lo que se decía era cierto. La bruja, cuyo nombre era Violeta, era en realidad una mujer amable y servicial que siempre estaba dispuesta a ayudar, sin pedir nada a cambio. Tampoco tenía un hogar lleno de secretos, sino una pequeña cabaña en el centro del bosque, donde se dedicaba a recolectar hierbas y a preparar curas para sanar las dolencias de los habitantes de los alrededores.

A pesar de que Violeta era una buena persona, la gente no dejaba de temerla y muchos la evitaban a toda costa, salvo que tuvieran una emergencia que nadie más pudiera resolver. Pero un día, la bruja recibió una visita que cambiaría su vida para siempre.

Era un niño llamado Pedro, quien había perdido a sus padres en un terrible accidente y no tenía a nadie más en el mundo. El pequeño vagabundeaba por el bosque, asustado y hambriento, cuando se topó con la cabaña de la bruja. A pesar de que él había escuchado los rumores sobre Violeta y sabía que ella era peligrosa, no tuvo más opción que pedir su ayuda.

La bruja lo recibió con los brazos abiertos y le hizo una sopa caliente, mientras escuchaba su historia. Pedro le contó sobre sus padres, sobre cómo ellos eran los únicos que tenía y sobre cómo había terminado en el bosque. Violeta lo comprendió perfectamente, pues también había perdido a sus padres cuando era joven, y decidió ayudarlo.

Desde entonces, Pedro se quedó a vivir con la bruja. Ella lo cuidaba como si fuera su propio hijo y le enseñó todo lo que sabía sobre las plantas y las hierbas. Juntos, salían al bosque a recolectar ingredientes para preparar sus pociones y medicinas, mientras disfrutaban del aire fresco y el aroma de la naturaleza.

A medida que los días pasaban, Pedro dejó de temer a la bruja y se dio cuenta de que no era en absoluto como la gente decía. En realidad, era una mujer bondadosa y amorosa, que sólo quería ayudar a los demás. Además, había descubierto que tenía un gran corazón y que era capaz de hacer cualquier cosa por aquellos a quienes amaba.

Pero un día, cuando estaban regresando de recolectar hierbas, todo cambió. Una sombra extraña los siguió por el bosque y cuando llegaron a la cabaña, se dieron cuenta de que alguien había entrado y revuelto todo. Los frascos con pociones estaban rotos en el suelo y las hierbas estaban esparcidas por todas partes. Había señales de que alguien había estado buscando algo, pero no podían decidir qué era.

Pedro temía por la bruja y por su propia vida. Sabía que aquellos que no la conocían la odiaban y podría haber pasado algo terrible. Pero afortunadamente, Violeta estaba ilesa. Solo tenía una herida en la mano y parecía preocupada.

La bruja les contó a Pedro que el intruso había venido a buscar algo que ella había estado guardando en secreto durante mucho tiempo. Era un libro antiguo y poderoso que contenía la clave para resolver muchos de los misterios del mundo. Pero también era un objeto peligroso, que había causado la muerte de muchas personas a lo largo de los años.

Pedro estaba asombrado. Nunca había oído hablar de semejante libro, pero podía imaginar la cantidad de poder que tenía. Y también podía ver claramente que la bruja estaba ocultando algo importante. Le preguntó qué harían ahora, si intentarían recuperar el libro o si lo dejarían en manos del ladrón.

La bruja lo miró, con los ojos llenos de sinceridad. Le explicó a Pedro que ella había jurado nunca usar la magia para hacer el mal, incluso si eso significaba dejar que el libro peligroso fuera robado. Pero también entendía que el libro no podía quedarse en manos equivocadas. Así que, en un acto audaz de valentía, decidió que iría a buscarlo, sin importar los peligros que pudiera enfrentar.

Pedro estaba asombrado. Pero también estaba asustado. Sabía que el bosque era peligroso y que la bruja podría estar en peligro si salía en busca del libro. Pero también sabía que ella era una persona extraordinaria. Y decidió que lo acompañaría.

Así que, armados con nada más que su coraje y su astucia, la bruja y el niño emprendieron su viaje hacia el corazón del bosque. Sabían que el peligro los acechaba en cada esquina, pero también sabían que tendrían que superar sus miedos para alcanzar su objetivo.

Atravesaron los senderos más oscuros del bosque, esquivando a los animales feroces y evitando los obstáculos que se interponían en su camino. La bruja usaba el conocimiento de las plantas y las hierbas para curar sus heridas y las de Pedro, mientras seguían adelante.

Finalmente, después de días de caminar y de luchar, llegaron a la cueva más oscura y profunda del bosque. Allí se encontraba el ladrón, un hombre cruel llamado Raúl, quien había robado el libro y lo había guardado en su antro.

La bruja y el niño se escondieron detrás de un arbusto, mientras Raúl revisaba el libro que había robado. Sabían que tenían que actuar rápido, antes de que él pudiera escapar con el libro peligroso.

Con un silbido, la bruja llamó la atención de Raúl. Él se volteó, sorprendido, y se dio cuenta de que alguien lo estaba vigilando. Se levantó enojado y amenazó con encontrar y castigar a los intrusos.

Pero Violeta y Pedro estaban preparados. Con un gesto de la mano, la bruja lanzó un hechizo que envió a Raúl volando a través de la cueva. Pedro, por su parte, corrió hacia el libro y lo tomó. Había logrado recuperarlo y estaba emocionado.

Juntos, la bruja y el niño regresaron a la cabaña, donde leyeron el libro en voz alta juntos. Descubrieron hechizos y encantamientos, y aprendieron cómo usar el libro sabiamente. Y finalmente, decidieron que lo dejarían en el bosque, donde nadie podría encontrarlo y causar daño con él.

A partir de entonces, la bruja y el niño vivieron juntos en paz y felicidad, disfrutando del bosque y de la naturaleza. Y aunque la gente seguía temiéndola, ella sabía que tenía a alguien que la amaba y que siempre estaría allí para protegerla.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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