La bruja y el cometa de la belleza

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La bruja y el cometa de la belleza
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La bruja y el cometa de la belleza. Érase una vez, en un bosque encantado, una hermosa bruja llamada Amara. Amara era una bruja diferente a las demás. Ella no hacía maldades ni hechizos malvados. Al contrario, Amara ayudaba a todo aquel que necesitara su ayuda.

Una noche, mientras Amara observaba el cielo estrellado, un cometa pasó volando frente a ella. Amara se quedó fascinada al ver un resplandor rojo intenso que brillaba alrededor del cometa. Supo en ese momento, que era el cometa de la belleza. El cometa solo pasaba una vez cada cien años, y ella había recibido una oportunidad única para pedir un deseo.

Amara decidió que pediría algo que ella pudiera usar para ayudar a otros, algo que fuera positivo y no para beneficio personal. Después de mucho pensar, decidió pedir el don de la belleza a través del cual podría ayudar a la gente que se sentía fea e insegura.

El cometa se acercó más y más, y Amara cerró los ojos para hacer su deseo. Sintió como el cometa pasaba justo por encima de ella, y el brillo rojo la envolvía por completo. Amara abrió los ojos y se dio cuenta de que su deseo había sido concedido. Sentía una belleza inigualable, y estaba feliz de saber que podía compartir este don con otros.

Al día siguiente, Amara decidió visitar el pueblo cercano para ayudar a aquellos que estaban pasando por dificultades. Al llegar al pueblo, las personas no podían dejar de mirarla. Todos en el pueblo estaban estupefactos al ver la belleza de Amara.

– Hola, mi nombre es Amara. ¿En qué puedo ayudarlos hoy? – preguntó Amara a un grupo de mujeres jóvenes que se acercaban a ella.

Las mujeres se quedaron sin palabras ante la hermosura de Amara. Una de ellas finalmente se armó de valor y habló:

– Hola Amara, mi nombre es Lucia. Vivo en este pueblo y siempre he sido muy tímida debido a mi apariencia. Me siento muy fea y eso me hace sentir menos valiosa que mis amigas. ¿Podrías ayudarme a sentir hermosa?

Amara sonrió amablemente y respondió:

– Por supuesto, Lucia. Permíteme mostrarte lo hermosa que eres, y ayudarte a encontrar la confianza que necesitas.

Amara llevó a Lucia hacia un río cercano y le mostró el reflejo en el agua. Le explicó que la belleza no solo está en el exterior, sino también en el interior. Le habló de la importancia de aceptarse a sí misma, sacar lo mejor de uno mismo y de ser feliz.

Las palabras de Amara llegaron al corazón de Lucia, y comenzó a sentirse más segura y atractiva. Fue una gran transformación en su vida, y ella agradeció a Amara por su ayuda.

Después de ayudar a Lucia, Amara habló con varias personas en el pueblo, y les recordó que el verdadero poder de la belleza está en la confianza y la aceptación de uno mismo. Muchas personas se sintieron renovadas y agradecieron a Amara por su consejo.

Pasaron varios días, y el nombre de Amara se difundió por todo el pueblo. La gente buscó su ayuda y asesoría, y Amara continuó ayudando a todos aquellos que la necesitaban. Todos tenían la misma historia: se sentían acomplejados y no podían aceptarse tal y como eran.

Amara les explicó que la verdadera belleza no proviene de la apariencia externa, sino que se encuentra en el interior. Dijo que la belleza es algo que cada uno de nosotros lleva en nuestro corazón y que debemos tener el coraje de abrazarla.

Una tarde, mientras estaba trabajando en su jardín, Amara vio a lo lejos a una joven llorando. Se acercó a ella y dijo:

– Hola, ¿te puedo ayudar en algo?

– Oh, disculpa – dijo la joven con voz quebrada – Pensé que estaba sola. Estoy pasando por un momento difícil en mi vida, siento que no soy lo suficientemente hermosa y que nadie me acepta.

– ¿Quieres hablar conmigo sobre eso? – preguntó Amara.

– Sí – respondió la joven entre sollozos.

Amara le habló de la importancia de la autoaceptación y del amor propio, y le pidió que se mirara en un espejo cercano mientras le decía algunas palabras importantes. Después de unos minutos de hablar con la joven, esta notó un cambio en su actitud y se sintió mejor consigo misma.

Esa noche, la joven escribió una carta a Amara para agradecerle por su ayuda. De nuevo, la fama de Amara se extendió por todo el pueblo, y muchas más personas acudieron en su ayuda.

Pasaron los días y llegó la noche del cometa. Amara estaba emocionada porque sabía que el cometa de la belleza volvería a pasar. Esta vez, decidió observarlo de nuevo desde su jardín.

Mientras esperaba el cometa, se dio cuenta de que su don era mucho más que solo belleza física. La verdadera belleza estaba en su corazón, en su ayuda y en su amor hacia los demás. Amara se dio cuenta de que poder ayudar a los demás a sentirse hermosos, era un don mucho más precioso que la belleza física.

Cuando el cometa pasó a su lado, Amara cerró los ojos de nuevo. Esta vez, su deseo fue diferente. Pidió que todo aquel que se sentía mal por sí mismo, pudiera encontrar la belleza en su interior y que supieran que eran valiosos y amables. La misma belleza que había descubierto años atrás y que ahora quería enseñar a los demás.

Desde entonces, Amara siguió ayudando a las personas, enseñándoles que la belleza no es solo una apariencia externa, sino algo que se encuentra en el interior. Ella sabía que tenía un don especial y que estaba haciendo un gran trabajo al ayudar a los demás a ser felices con lo que eran y con lo que tenían.

Cuando el cometa volvió a pasar después de cien años, Amara lo miró pasar sin pedir nada más, porque ya tenía todo lo que necesitaba, su amor, su cariño y su verdad. La belleza, era solo la guinda del pastel.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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