La bruja y el dragón de Halloween. Érase una vez una bruja muy traviesa llamada Morgana. Vivía en una antigua cabaña en lo profundo del bosque, lejos de la ciudad y de cualquier otra persona. Morgana era conocida por ser muy astuta y siempre buscaba maneras de asustar a la gente. Estaba ansiosa por la noche de Halloween, porque sabía que era el momento perfecto para jugar algunas de sus malvadas travesuras.
En la noche de Halloween, Morgana se preparó para salir a la calle con su traje de bruja. Se aseguró de que su escoba mágica estuviera lista y se puso su sombrero con una araña gigante en la parte superior. Salió al mundo exterior y comenzó a volar por el bosque.
Morgana buscó una casa solitaria donde pudiera asustar a los niños. Después de un rato de volar, encontró una pequeña casa en el bosque. Había una luz encendida en la ventana, así que supuso que había gente adentro.
Morgana aterrizó en la ventana y espió adentro. Vio una niña pequeña y un niño durmiendo en una habitación en la casa.
Morgana decidió que disfrutaría mucho si esa noche se jugaba una broma a los niños. ¿Pero qué travesura podría hacer que asustara a los niños? Pensó por un rato y decidió que un dragón lo haría perfecto. Imaginó un gran dragón aterrador que saltó de un libro de cuento de hadas y aterrizó en la habitación. Los niños despertarían y estarían completamente asustados.
Morgana usó su magia para crear un enorme dragón hecho de humo negro. El dragón comenzó a volar por la habitación. Los niños despertaron y comenzaron a gritar. El dragón se acercó a ellos, haciendo ruidos terribles.
Pero entonces algo extraño sucedió. El humo negro comenzó a moverse de una manera muy extraña. Se estiró y movió, como si tuviera vida propia. Y a medida que se movía, tomó la forma de un dragón real, con escamas verdes brillantes y grandes alas bordadas.
Morgana no podía creer lo que veía. ¿Cómo podía su magia haber adquirido una vida propia? Estaba desconcertada y asustada, pero también estaba muy emocionada. ¡Ella había creado un dragón real de su magia!
El dragón que Morgana había creado estaba tan asustado como los niños en la habitación. Nunca había estado en el mundo antes y no sabía qué hacer. Sintió que estaba siendo lanzado de un lado a otro por el aire, y todo lo que podía ver eran árboles y más árboles por todas partes.
Pero, poco a poco, el dragón comenzó a darse cuenta de que tenía la capacidad de volar. Estiró sus alas y comenzó a explorar el bosque. Mientras volaba, vio una gran cantidad de animales y criaturas que nunca antes había visto. Vio búhos sabios y ratones astutos. Vio un zorro astuto y zanjas fangosas llenas de gusanos y barro.
Finalmente, el dragón se detuvo en una colina. Desde allí, podía ver todo el mundo que estaba debajo de él. Se sentía libre y vivo, y no quería que este momento terminara nunca.
Mientras tanto, Morgana estaba preocupada de que el dragón hubiera desaparecido y decidió que debía buscarlo. Voló por el bosque siguiendo el rastro del humo negro que había sido el dragón. Finalmente, encontró al dragón encaramado en la cima de la colina.
«¡Allí estás, pequeño dragón!» exclamó Morgana. «Pero ¿cómo es que se te ocurrió la idea de transformarte en un verdadero dragón?»
«Lo siento mucho, Morgana, no tenía idea de que pudiera hacer eso,» dijo el dragón un poco avergonzado.
Pero a Morgana no le importaba en absoluto. Estaba encantada con el nuevo amigo que había encontrado. Decidió que lo llevaría al pueblo para mostrarles a todos su nueva creadora de dragones.
Desde entonces, el dragón y Morgana se convirtieron en los amigos más extraños de los que cualquiera pudiera hablar. Volaban juntos todas las noches de Halloween, asustando a los niños tanto como podían. Pero siempre se aseguraron de que lo hacían de una manera segura y amable.
Así que si alguna vez estás en el bosque y ves un dragón volando cerca, no te asustes. Podría ser Morgana y el dragón, tratando de pasarlo bien y hacer nuevos amigos. Después de todo, a veces la amistad más improbable puede ser la más duradera.