La bruja y el duende travieso. Érase una vez una bruja llamada Morgana que vivía en lo profundo del bosque. Era conocida por su gran sabiduría en hechizos y pociones, y los animales del bosque acudían a ella en busca de ayuda. Morgana era amable y bondadosa, pero había algo que nunca había podido conseguir: hacer que su escoba volara.
Un día, mientras buscaba en su libro de hechizos un conjuro para hacer volar su escoba, escuchó un ruido en su jardín. Era un duende travieso que había venido a jugar. Morgana, molesta por los constantes trucos del duende, decidió hechizarlo. Pero el duende, con su astucia, logró escaparse y se escondió en la casa de Morgana.
Así fue como empezó una extraña amistad entre Morgana y el duende travieso. Morgana decidió enseñarle algunos de sus hechizos a cambio de que el duende le ayudara en sus quehaceres diarios. Los dos aprendieron mucho el uno del otro, y la Convivencia se volvió más tranquila.
Un día, mientras Morgana y el duende preparaban pociones en la cocina, la bruja recordó que había un hechizo antiguo que permitía a los objetos inanimados cobrar vida. Con la ayuda del duende, Morgana intentó el hechizo en un pequeño muñeco de madera que había en su estantería.
Para su sorpresa, el muñeco cobró vida y empezó a hablar. Morgana y el duende estaban emocionados, pero en el fondo sabían que el muñeco era un experimento peligroso. Así que Morgana hechizó al muñeco de nuevo para deshacer el hechizo y durante unos momentos el muñeco volvió a ser inanimate. Pero en un instante, recuperó su vida y escapó por la ventana.
Morgana y el duende se persiguieron al muñeco por todo el bosque hasta que finalmente lo alcanzaron en un claro. El muñeco estaba muy enojado y les reprochaba lo mal que habían hecho al hechizarlo. Morgana, apenada, le pidió disculpas y le ofreció su ayuda para devolverle su vida anterior.
El muñeco aceptó las disculpas y contó a Morgana y el duende que había sido juguete de un niño que había fallecido hacia muchos años. El niño habría deseado la vida eterna para su muñeco, pero no se había dado cuenta de las consecuencias del hechizo.
Morgana, conmovida por el relato del muñeco, decidió buscar la manera de devolverle a su vida anterior. Pasaron muchos días investigando y buscando hechizos, pero nada funcionaba. Fue entonces cuando Morgana recordó que había un lugar muy lejano donde vivía un hombre que conocía todos los hechizos y pociones, y que podría ayudarlos.
Sin pensarlo dos veces, Morgana y el duende emprendieron un viaje hacia el lugar del hombre de los hechizos. Fue un largo y peligroso camino, pero finalmente llegaron a su destino. El hombre de los hechizos los recibió con amabilidad y les explicó que el hechizo que buscaban era muy antiguo y difícil de encontrar.
Morgana le contó la historia del muñeco y el hombre de los hechizos se sintió conmovido. Al final, decidió ayudarlos y les dio una poción muy poderosa que podía devolverle la vida al muñeco. Morgana y el duende agradecieron al hombre y emprendieron el camino de vuelta al bosque.
Cuando llegaron al claro donde habían encontrado al muñeco, lo encontraron triste y solitario. Morgana derramó la poción sobre el muñeco y les animó a esperar. Pasado un rato, el muñeco empezó a brillar y a moverse. Al cabo de un momento, el muñeco volvió a ser un niño pequeño, el dueño original del juguete.
El niño agradeció a Morgana y al duende caminando hacia ellos para darles un abrazo. La fiebre del hechizo había desaparecido y todo estaba en su lugar. El niño desapareció en las profundidades del bosque, pero Morgana y el duende se sintieron felices de haber ayudado a alguien.
A partir de ese momento, la amistad entre Morgana y el duende se hizo aún más fuerte. El aprendizaje cotidiano unos del otro les ayudaba a afrontar el día a día en el bosque. Y cuando necesitaban algo especial, se acordaban de la historia del muñeco y del hechizo que habían conseguido en el largo viaje. Juntos, pudieron con todo lo que les pidió la vida en el bosque.
Y así, Morgana aprendió que para conseguir lo que uno quiere, debe tener paciencia y esfuerzo. En su caso, podía ayudar a otros mientras seguía persiguiendo su sueño de hacer volar la escoba. Mientras tanto, se regocijaba con las batallitas y los descubrimientos que hacía con su amigo el duende.