La bruja y el hechizo de la amistad. Érase una vez en una pequeña aldea rodeada de frondosos bosques y arroyos cristalinos, vivía una bruja solitaria llamada Morgana. La gente del pueblo la temía y evitaba su casa a toda costa, creyendo que ella solo hacía hechizos malvados y que cualquier acercamiento con ella solo traería desgracia. Morgana, al principio, se molestaba con la gente y trataba de alejarla aún más, pero después de mucho tiempo en soledad, comenzó a preguntarse si algo estaba mal con ella.
Una noche, Morgana decidió salir de su casa y caminar hacia el bosque para reflexionar y encontrar respuestas a sus preguntas. Mientras caminaba, sintió una extraña sensación que la llevó a un pequeño claro en el bosque. En el centro del claro, vio a un pequeña niña llorando.
La niña era una princesa de un reino vecino que había escapado de su casa después de una pelea con su madre. Morgana se acercó a ella, pero la niña estaba asustada y se alejó. Sin embargo, Morgana notó que la niña llevaba consigo un pequeño amuleto de cristal que parecía ser importante para ella.
Morgana intentó hablar con la niña y calmarla, y finalmente logró convencerla de que le contara lo que le había pasado. La princesa le confió que había peleado con su madre porque su amuleto de cristal estaba roto y ella lo había perdido. Su madre era la única que podía arreglarlo y ahora estaba demasiado enojada como para ayudarla.
Morgana sintió empatía por la niña y se ofreció a ayudarla en su búsqueda de un nuevo cristal que pudiera usar para armar un nuevo amuleto. Juntas, caminaron hacia el bosque en busca de un arbusto de cristal que Morgana había escuchado que crecía en algún lugar de allí.
Mientras caminaban, Morgana se dio cuenta de que disfrutaba de la compañía de la niña y de que ella también tenía una habilidad especial para encontrar el camino. Morgana comenzó a hablar con la niña y pronto descubrió que compartían muchos intereses. La niña estaba interesada en aprender sobre las plantas y la naturaleza, al igual que Morgana. Se dieron cuenta de que no eran tan diferentes como pensaban.
Finalmente encontraron el arbusto de cristal y la niña pudo armar un nuevo amuleto. La niña estaba agradecida y le preguntó a Morgana cómo podía devolverle el favor. Morgana se dio cuenta de que quería algo que nunca había tenido antes: una amiga.
«Mira, princesa», dijo Morgana, «¿quién dijo que las brujas solo pueden hacer hechizos malvados?» Morgana sacó su libro de hechizos y comenzó a buscar el hechizo de la amistad. Después de algunos intentos fallidos, finalmente encontró el hechizo y lo pronunció. Un poderoso resplandor llenó el bosque, y después de unos segundos, desapareció dejando a las dos amigas abrazadas.
Desde aquel día, la princesa visitó a Morgana en su cabaña a menudo y Morgana la llevaba a aventuras en el bosque, revelándole los secretos de la naturaleza y compartiendo su sabiduría con ella. La princesa estaba fascinada con la naturaleza y Morgana estaba emocionada de que alguien apreciara su conocimiento, sentía que finalmente tenía un propósito y un lugar en el mundo.
Pero un día, un grupo de cazadores llegó al bosque. Los cazadores estaban en busca de un reyso salvaje que había sido visto en los bosques y que les había causado muchos problemas. No sabían que Morgana y la princesa vivían allí.
Morgana y la princesa se dieron cuenta demasiado tarde de que los cazadores estaban detrás de ellas, y antes de que pudieran escapar, los cazadores las atraparon. Los cazadores amenazaron con hurtar a Morgana con ellos y dejarla en prisión, pero la princesa intervino y les contó sobre Morgana y su amistad. Los cazadores creyeron y la princesa pudo convencerlos de que las dejaran vivir en paz, a cambio de su ayuda en la búsqueda del reyso salvaje.
Juntas, Morgana y la princesa lideraron a los cazadores hacia el reyso salvaje, que resultó ser algo más pequeño que lo que habían esperado y que realmente no había causado daño alguno. Los cazadores se avergonzaron de haber intentado dañar a Morgana y la princesa, y, como una disculpa, les llevaron a casa carne fresca de caza y frutas frescas para compartirlas en una gran cena en la cabaña de Morgana.
Después de esa noche, las personas del pueblo comenzaron a ver a Morgana de manera diferente ya que encontraron una amiga de la princesa en ella. Morgana se sintió feliz por haber encontrado una amiga que la aceptaba y apreciaba por lo que era. De alguna manera, esa amistad había roto la maldición que había caído sobre ella, y la gente comenzó a respetarla y amarla.
Y así, la princesa y Morgana se convirtieron en las mejores amigas, y vivieron felices en su cabaña en el bosque, compartiendo sus conocimientos y aventuras con todo aquel que quería escucharlas. A partir de entonces, ya no había más maldiciones ni prejuicios, solo amistad y amor en la aldea y en sus corazones.