La bruja y el jardín de la felicidad

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La bruja y el jardín de la felicidad
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La bruja y el jardín de la felicidad. Érase una vez una bruja solitaria que vivía en lo profundo del bosque. Todos los días, la bruja trabajaba sin descanso. Se esforzaba por crear pociones mágicas y conjuros, pero nunca parecía estar satisfecha con sus esfuerzos. La bruja se sentía completamente sola y triste, anhelando más que nada en el mundo la felicidad que parecía escapar de ella.

Un día, mientras caminaba por el bosque, la bruja descubrió un jardín hermoso. Las flores eran brillantes y coloridas, y el aroma de las plantas se quedó en su nariz durante horas después de dejar el lugar. La bruja supo en su corazón que este jardín era especial y que tenía que saber más sobre él.

Después de hacer algunas preguntas a las criaturas del bosque, la bruja descubrió que el jardín era conocido como «El jardín de la felicidad». Se decía que aquellos que lo visitaban encontraban la felicidad y la paz interior que tan desesperadamente buscaban. La bruja sabía que tenía que encontrar la manera de ingresar al jardín y experimentar la felicidad por sí misma.

A pesar de sus dudas, la bruja decidió que intentaría entrar en el jardín. Sabía que no sería fácil, pero estaba determinada a hacerlo. Buscó durante horas en busca de una entrada, pero todo lo que encontró fue un muro alto y grueso que rodeaba el jardín. La bruja no se desanimó y, con su magia, intentó sortear el muro. Pero, para su sorpresa, no pudo cruzar la barrera mágica.

La bruja no sabía qué hacer. Se sentó y lloró, lamentando su soledad y su fracaso. Fue entonces cuando escuchó una suave risa. Levantó la cabeza y vio a una anciana apoyada en una vara, mirándola con una sonrisa en su rostro.

«¿Qué te pasa, mi pequeña?» preguntó la vieja. La bruja le contó todo sobre lo que había estado buscando y cómo había fracasado. La anciana escuchó con calma y luego dijo: «Querida, no puedes entrar en el jardín de la felicidad porque tu corazón está lleno de resentimiento y tristeza. Debes liberar tu corazón de todo lo que te aflige antes de que puedas disfrutar del jardín».

La bruja se sorprendió, pero la anciana sabía de lo que estaba hablando. La bruja reflexionó sobre las palabras de la anciana y supo que tenía que hacer algo. Para empezar, comenzó a buscar en su corazón y en su alma para encontrar una manera de liberarse de su dolor. Hizo una lista de todas las cosas por las que estaba agradecida, de las cosas que amaba y de las cosas que la hacían sonreír. Después de hacer esta lista, la bruja se sintió un poco más ligera en su interior.

Entonces, decidió aceptar la ayuda de la anciana. Esta, con su ayuda, la guió con cosas que poder seguir para poder encontrar la felicidad. La bruja se dedicó en cuerpo y alma a intentar estar mejor, a hacer actividades que le gustasen, a aprender nuevas habilidades y, poco a poco, fue sintiendo que su corazón se llenaba de felicidad y amor.

Después de un tiempo, la bruja sintió que ya estaba lista para intentar visitar el jardín de la felicidad de nuevo. Fue al muro que rodeaba el jardín y de repente, se dio cuenta de que el hechizo mágico que antes la había impedido el paso ya no estaba allí. Respirando hondo, la bruja caminó hacia el jardín. Al instante, alguien vino a su encuentro.

«¡Bienvenida, querida!» dijo una voz dulce. La bruja levantó la vista y vio a una mujer hermosa que estaba a su lado. La señora le preguntó si la bruja estaba lista para experimentar la felicidad en su forma más pura. La bruja asintió nerviosamente.

La dama le guio por todo el jardín hablándole de todas las cosas maravillosas que se podían encontrar ahí y con la bruja notando que, en efecto, eran increíbles. Desde las flores más hermosas hasta las fuentes que tenían aguas curativas, la bruja se sentía en paz en su interior.

Pasó varias horas en el jardín, pero finalmente comenzó a sentir que era el momento de partir. La bruja llevaba una sensación de satisfacción en la piel, y salió del jardín con una sonrisa de oreja a oreja. Sabía que no tenía que estar sola nunca más, y esto la llenaba de alegría.

La bruja solitaria había encontrado finalmente la felicidad que anhelaba, y gracias a ello también había descubierto cosas asombrosas en el jardín. Ahora, ella sabía que el jardín de la felicidad no era un lugar físico, y que la felicidad en realidad vive dentro de todos nosotros. Lo único que necesitamos es buscarla en nuestro interior, y luchar por ella para poder finalmente encontrarla.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
La bruja y el jardín de la felicidad
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