La bruja y el jardín de las sombras

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La bruja y el jardín de las sombras
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La bruja y el jardín de las sombras. Érase una vez en un pequeño pueblo escondido en las montañas, una bruja solitaria que vivía en su cabaña rodeada de la naturaleza. Siempre caminaba por el bosque, recolectando plantas para preparar sus pociones y hechizos. Un día, mientras caminaba por el bosque, encontró un jardín escondido detrás de un gran árbol. El jardín estaba descuidado y lleno de sombras, pero la bruja sintió la curiosidad de explorarlo.

La bruja decidió investigar el jardín y descubrió que era mágico. Las sombras que cubrían el jardín variaban de color y forma según la hora del día. Era un lugar fascinante y misterioso que se movía constante. La bruja, animada por la emoción, decidió limpiar y cuidar el jardín mágico. Pasó su tiempo cavando en la tierra, podando las ramas, regando las plantas y recolectando frutos.

A medida que trabajaba en el jardín, la bruja descubrió algo aún más mágico, cada planta tenía un valor único de curación y mientras más cuidaba sus plantas, más poderosos eran sus hechizos. Comenzó a usar las hierbas del jardín para elaborar pociones y confeccionar hechizos, sanando a los heridos y protegiendo a los vulnerables. Su fama se extendió por todo el pueblo y muchos se acercaron a pedir su ayuda.

La bruja finalmente entendió la hermosa simbiosis que había creado entre ella y el jardín mágico, la naturaleza la alimentaba energéticamente y ella, a cambio, cuidaba de las plantas. Pasaron muchos años y la bruja se hizo muy sabia gracias a la magia del jardín.

Un día, un rico terrateniente del pueblo llegó a la cabaña de la bruja. Él quería comprar las hierbas y plantas del jardín para su lucrativo negocio. A pesar de que la bruja sabía lo valiosas que eran sus plantas, también sabía que el jardín mágico era una fuente de energía crucial para ella y desconocía lo que podría pasar si sus magias La bruja tomó tiempo para pensar en su respuesta y, después de unos días de reflexión, decidió rechazar la oferta del hombre. Él salió de la cabaña enojado y decepcionado.

Pero el terrateniente no se detuvo en su obsesión por coleccionar plantas mágicas. Decidió envíar a su hijo, un joven intrépido, a la cabaña de la bruja para engañarla y robar sus plantas. Disfrazado de mercader, el joven llegó y comenzó a fingir interes en las plantas. El joven hizo que la bruja se relajara y, con astucia, empezó a a conversar largamente con ella. Fue entonces cuando, en una conversación accidental, el muchacho reveló lo que realmente quería, las plantas del jardín mágico.

La bruja, enfurecida, decidió expulsarlo de su cabaña y del jardín mágico. Pero el joven se negó y tomó un poco de tierra del jardín sin que la bruja lograra detenerlo y salió corriendo rápidamente. La bruja, furiosa y asustada, se dio cuenta de que la tierra era la fuente de la magia del jardín y, sin ella, se debilitaría rápidamente. Corrió detrás del muchacho, pero no logró atraparlo. A partir de ese día, la bruja se sintió cansada y triste, y comenzó a notar que el jardín mágico empezaba a marchitarse.

Sin embargo, la bruja no se rindió y recordó todo lo que había aprendido del jardín mágico. Después de un tiempo de meditar, decidió que la magia del jardín no había desaparecido completamente. Ahora, solo ella poseía la habilidad de curar y sanar, sin el jardín para apoyarla y de quien cuidar.

Desde ese día en adelante, la bruja se dedicó a preparar sus pociones y hechizos, centrada en la curación y los milagros mágicos. Ya no recibía multitudes de personas que buscaban ayuda, pero se mantuvo enfocada y astuta al causar mejoras para aquellas personas que se acercaban. Y, en una noche estrellada, la bruja soñó que el jardín mágico estaba de nuevo en la perfección y, aunque todavía añoraba el jardín y sus maravillas, la bruja sabía que la magia siempre estaba dentro de ella y, con esta nueva comprensión, nunca volvió a sentirse sola o triste.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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