La bruja y el lago de los espejos. Érase una vez una bruja solitaria que vivía en una pequeña cabaña en lo profundo del bosque. La bruja, una mujer con el pelo blanco como la nieve y los ojos tan azules como el cielo, poseía una habilidad especial: podía ver el futuro en su bola de cristal. Con frecuencia, se adentraba en los bosques en busca de ingredientes para sus pócimas y brebajes. Allí, llegó un día en el que la bruja descubrió un lago cristalino que parecía estar lleno de espejos rotos.
La bruja se acercó cautelosamente al lago y se encontró con su propio reflejo. Sorprendida, se dio cuenta de que en lugar de ver su rostro en el agua, veía los rostros de todas las personas que había conocido en su vida. Asombrada por la experiencia, la bruja decidió investigar más a fondo los misteriosos espejos del lago.
Cada día, la bruja se levantaba temprano para adentrarse en el bosque y llegar al lago de los espejos. Con cada visita descubría caras nuevas en el agua. Había caras de amigos y caras de enemigos, caras de extraños y de familiares, caras de ancianos y de niños. La bruja se dio cuenta de que cada reflejo en el agua estaba conectado a un recuerdo o una emoción. Si cambiaba ligeramente la posición del espejo, el reflejo cambiaría.
Entonces la bruja descubrió que podía hacer algo aún más sorprendente: podía entrar en los espejos y sumergirse en el mundo de los recuerdos. Una vez dentro, podía ver y experimentar todos los recuerdos de la persona cuyo reflejo estaba frente a ella. La bruja se emocionó mucho, pensando en la cantidad de conocimiento que podría obtener y, ansiosa por explorar, saltó dentro del lago.
De repente, se encontró dentro de una habitación antigua y polvorienta. Todo estaba oscuro, excepto por la luz que se filtraba por una pequeña ventana. La bruja notó que en la sala había una niña sentada, sola en una esquina, llorando. Se acercó y le preguntó qué le pasaba y la niña le explicó que había perdido a sus padres y que no tenía a nadie a quien acudir. La bruja, conmovida por su historia, decidió ayudarla. En lugar de salir del lago, la bruja decidió quedarse y, con su magia, trajo de vuelta a los padres de la niña.
La niña estaba encantada al ver que sus padres habían vuelto, y agradecida, le agradeció a la bruja sus esfuerzos. La bruja le explicó cómo había oído su llanto y cómo lo había seguido hasta su memoria en el espejo. Así se convirtió en su amiga y continuó visitándola de vez en cuando para comprobar que todo estaba bien en su mundo.
La bruja se dio cuenta de que ese lago tenía el poder de conectarnos con el pasado y el presente, y que podía ser una herramienta útil para ayudar a los demás. A partir de ese día, la bruja visitaba el lago de los espejos casi a diario y se dedicaba a realizar pequeños actos de bondad para aquellos a los que visitaba.
La bruja pronto descubrió que no todos los reflejos eran buenos. Una vez, se encontró con el reflejo de un hombre con una mirada oscura y sombría. Cuando la bruja lo siguó al espejo, se adentró en una mazmorra oscura y espeluznante. El hombre la llevó a través de laberintos traicioneros, garras y trampas peligrosas. La bruja se espantó con lo que había visto y rápidamente saltó de vuelta al mundo real. Se dio cuenta de que no todos los recuerdos eran dulces y amables, y que podía ser peligroso adentrarse en otros mundos.
La experiencia no la detuvo, sin embargo, y la bruja siguió visitando el lago en busca de gente que necesitara ayuda. Asistió a un anciano con problemas de salud, a un joven artesano con una crisis creativa, y a un niño que estaba perdiendo la vista. La bruja ayudó a cada uno de ellos a encontrar soluciones y renovar su fe en sí mismos.
Pero un día, cuando la bruja estaba investigando uno de los reflejos, la perdieron en su mundo. La bruja estaba tan absorta en las memorias de la mujer que no se dio cuenta de que estaba siendo absorbida lentamente en su mundo. A medida que la bruja se adentraba en la memoria, se dio cuenta de que se sentía cada vez más atrapada y no era capaz de salir. La bruja estaba asustada, porque sabía que si no lo hacía, podría quedar atrapada allí para siempre.
Pero en el último momento, la bruja logró escapar de la memoria y volver al mundo real. A partir de ese día, la bruja aprendió a ser más cautelosa al adentrarse en las memorias de los demás, y tuvo cuidado de seguir recordando la vida que le esperaba en el exterior.
La bruja siguió visitando el lago de los espejos durante muchos años más, ayudando a las personas que se encontraba y experimentando diferentes recuerdos y emociones. Fue a través de su conexión con el lago que aprendió sobre el amor, la amistad y la empatía, y se convirtió en una persona más amable y comprensiva.
Al final, la bruja llegó a comprender que la vida se trata de más que solo el conocimiento y la habilidad de ver el futuro. La vida se trata de ayudar a aquellos que lo necesitan y hacer que el mundo sea un mejor lugar. Y fue a través de su conexión con el lago de los espejos que pudo hacer precisamente eso. Fin.