La bruja y el unicornio. Érase una vez en un reino muy lejano, una joven bruja llamada Luna. Ella vivía en una pequeña cabaña en el borde del bosque, donde pasaba la mayor parte del tiempo estudiando conjuros y pociones. A pesar de ser muy joven, ya tenía un gran conocimiento en las artes de la magia. Siempre estaba buscando nuevas maneras de ayudar a los habitantes del reino.
Pero a pesar de su gran conocimiento, Luna siempre sentía que le faltaba algo en su vida. Siempre había deseado tener un amigo animal al que pudiera confiarle todos sus secretos y al que pudiera compartir su pasión por la naturaleza y la magia.
Una noche mientras caminaba por el bosque, Luna notó una extraña luz brillando a lo lejos. Intrigada, decidió seguir la luz para ver de qué se trataba. Al acercarse, se dio cuenta de que era un unicornio. Era el animal más majestuoso que había visto en toda su vida. Tenía un pelaje blanco y brillante, cuernos dorados y ojos luminosos como las estrellas. Pero había algo raro en él, algo que Luna no podía explicar.
De pronto, el unicornio levantó su cabeza y la miró a los ojos. Luna sintió como si estuviera siendo examinada por aquel ser fantástico. Pero luego el unicornio la llamó por su nombre.
– Luna, ¿por qué lloras?- preguntó el unicornio con ternura.
Luna se sorprendió de que el unicornio la hubiera llamado por su nombre sin siquiera presentarse, y más aún de que le hubiera preguntado por qué estaba llorando, cuando ella no estaba llorando. Pero antes de que ella pudiera decir algo, el unicornio continuó hablando.
– Sé que te sientes sola y que deseas tener un amigo a quien puedas confiar todos tus secretos- le dijo el unicornio-. Y yo estoy aquí para ser ese amigo para ti.
Luna estaba asombrada. No podía creer lo que estaba sucediendo. ¿Un unicornio hablando con ella y ofreciéndole amistad? Pero antes de que pudiera decir algo, el unicornio añadió:
– Pero antes de que podamos ser amigos, hay algo que debes hacer por mí. Hay una maldición que me ha sido impuesta y no puedo levantarla por mi cuenta. Necesito la ayuda de un bruja poderosa como tú para romperla.
Luna, sin pensarlo dos veces, aceptó la petición del unicornio y juró hacer todo lo posible para ayudarlo. Y así comenzó una gran aventura para Luna y el unicornio. Luna se embarcó en una búsqueda para encontrar los ingredientes necesarios para la poción que ayudaría al unicornio a romper la maldición que lo había atrapado.
Juntos, Luna y el unicornio atravesaron montañas y ríos, lucharon contra peligrosos monstruos y laberintos mágicos, y finalmente encontraron los ingredientes necesarios para la poción. Luna utilizó todo su conocimiento en las artes mágicas para preparar la poción, y después de horas de trabajo, finalmente apareció la poción final lista para ser consumida.
El unicornio bebió la poción con rostro de desesperanza, pensando que no funcionaría, pero en ese momento sus ojos brillaron como nunca, y el unicornio se quedó en silencio durante unos segundos. Luego, de repente, empezó a cambiar. La piel de su cuerpo pasó de ser plateada a ser dorada y, para sorpresa de Luna, el unicornio creció dos veces su tamaño. ¡Despierto de su maldición! El unicornio estaba libre por fin.
– ¡Gracias, Luna, por tu ayuda! – exclamó el unicornio, dando vueltas y vueltas a su alrededor, demostrando la impresión que le había causado la poción – ¡Estoy libre de nuevo!
Luna estaba más que feliz por haber podido ayudar a su nuevo amigo y sintió como si una gran carga se hubiera quitado de sus hombros. Ahora tenía un amigo verdadero, el unicornio que tan solo unos días antes le había tendido la mano.
– ¡Amigos por siempre! – dijeron ambos al unísono.
Y juntos, Luna y el unicornio continuaron su aventura en el bosque, unidos para siempre en una gran amistad. Nunca más se sentirían solos, ya que ahora tenían el uno al otro.