La bruja y el viento mágico

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La bruja y el viento mágico
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La bruja y el viento mágico. Érase una vez, en un reino muy lejano y mágico, una bruja solitaria y enigmática conocida como Hécate. Era temida por todos los habitantes del reino, quienes hablaban de su oscuro poder y de sus extraños ritos que realizaba en las noches de luna llena.

La bruja vivía en una cabaña en lo alto de una colina, rodeada de un bosque encantado y del viento mágico, el cual controlaba y usaba para sus propósitos. Hasta que un día, el viento se rebeló.

El viento estaba harto de ser utilizado por la bruja para causar estragos en el reino. Ya no quería seguir su mandato y decidió escapar de su control. La brisa fresca soplaba en todas las direcciones, tirando árboles y causando una gran tormenta. Hécate se asustó al ver que su fiel amigo la traicionaba, y trató de recuperar su poder sobre el viento, pero fue incapaz de hacerlo.

La bruja sabía que, si no recuperaba el control del viento mágico, su cabaña y todo lo que tenía dentro sería destruido. Por lo tanto, decidió enfrentarse al viento de frente y hacerle un trato: si el viento dejaba de rebelarse, Hécate le ofrecería un regalo a cambio de su lealtad. El viento, ansioso por el regalo, aceptó el trato.

Y así, Hécate creó una hermosa cometa de colores brillantes y la entregó al viento como prometió. El viento, encantado con la cometa, recuperó su lealtad hacia la bruja y comenzó a soplar de nuevo, pero esta vez de manera más controlada y menos destructiva.

Con su amigo restaurado, Hécate se dio cuenta de que había sido un poco egoísta y había abusado de su poder sobre el viento. Decidió cambiar su forma de actuar y dejar de ser temida por el reino. Empezó a explorar el bosque encantado y descubrió que podía utilizar sus habilidades mágicas para ayudar a los habitantes del reino en lugar de dañarlos.

Pronto, la fama de Hécate cambió de ser una bruja peligrosa y enigmática a ser una hechicera amable y cariñosa, y la gente comenzó a acudir a ella en busca de ayuda. Hécate ayudó a unas familias a resolver sus problemas agrícolas, curó a un niño enfermo y salvó a un grupo de aldeanos de perder sus hogares por una inundación.

Incluso las hadas del bosque y los habitantes de los reinos cercanos comenzaron a solicitar su ayuda en todo tipo de asuntos, y Hécate se dio cuenta de que tener amigos y ser solidaria era mucho más gratificante que ser temida y solitaria.

El viento mágico, ahora feliz y en paz con Hécate, comenzó a ayudar a la hechicera en su misión de ayudar a otros. Ahora soplaba con suavidad para llevar la lluvia a los campos sedientos y se bajaba de vez en cuando para ayudar a la hechicera a transportar cargas pesadas o evitar que las ramas cayeran sobre los caminos.

Juntos, Hécate y el viento mágico se convirtieron en los protectores del reino y en los aliados de su gente. Los niños se morían por conocerla y las jóvenes brujas en capacitación buscaban su guía y enseñanza.

Hécate había aprendido una gran lección gracias a su amigo el viento mágico, y ese conocimiento la transformó de la más peligrosa a la más querida y famosa hechicera del reino. Aprendió que las mejores herramientas que un mago podía tener eran la empatía, la solidaridad y la amabilidad, y que ayudar a los demás era la verdadera recompensa.

Desde entonces, cada vez que soplaban las brisas de la noche, se podía ver a Hécate y su fiel amigo el viento mágico, atravesando el bosque encantado y prestando ayuda a quien lo necesitara. Y aunque todavía había algunos que temían a la bruja que alguna vez fue, casi todo el reino sabía que el temor a Hécate había sido reemplazado por la confianza y el agradecimiento.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
La bruja y el viento mágico
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