La bruja y la casa del terror

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La bruja y la casa del terror
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La bruja y la casa del terror. Érase una vez, en un pequeño pueblo rodeado de montañas, vivía una bruja llamada Morgana. La casa de Morgana era conocida por los vecinos del pueblo como la «casa del terror». Muchos se atrevían a acercarse a ella, pero muy pocos eran valientes al punto de tocar la puerta.

En la casa de Morgana había un enigma que la gente no podía descifrar. Se decía que tenía el poder de convertir a cualquier ser humano en animal. Pero, por supuesto, todo eso eran solo rumores sin fundamento.

Una noche de luna llena, dos amigos decidieron hacer una apuesta. Uno de ellos afirmaba que la casa de Morgana era solo una leyenda, mientras el otro sostenía que era real. Decidieron hacer un juego: el primero en tocar la puerta de la casa de la bruja ganaría.

Los dos amigos caminaron por las calles en silencio, observando la casa del terror en lo alto de la colina. La casa de Morgana tenía un aspecto espeluznante: las ventanas estaban cubiertas por papel marrón, la pintura estaba descolorida y la puerta estaba rota.

Al ver la casa, uno de los amigos se echó atrás, diciendo que no quería seguir con el desafío. El otro, siendo más valiente, decidió continuar solo. Se acercó a la puerta, tomó una gran bocanada de aire y tocó tres veces el aldaba de bronce.

La puerta chirrió al abrirse lentamente, dejando al chico con los pelos de punta. Al entrar, notó que la casa estaba descuidada y llena de polvo. Buscó en todas partes pero no encontró a la supuesta bruja. Solo encontró un cuervo sentado en una rama del árbol afuera de la casa.

Al salir, la puerta se cerró con un fuerte golpe detrás de él. El chico se encontró encerrado en la casa del terror. Pensando en cómo salir de allí, empezó a buscar la manera. Fue entonces cuando una sombra apareció en la puerta.

La figura era oscura, pero pronto se convirtió en Morgana, la temida bruja del pueblo. El chico pensó que aquello era su fin y comenzó a temblar. Pero Morgana no se dirigió hacia él, sino hacia el cuervo que estaba en la rama.

La bruja murmuró algunas palabras incomprensibles y, de repente, el cuervo desapareció de la rama. El chico no sabía qué pensar. Una nube de polvo se levantó frente a los ojos del chico, cuando se disipó, vio una extraña figura: ¡el cuervo había sido convertido en un humano!

Morgana sonrió al ver al chico desconcertado. Le habló en un idioma desconocido al chico, quien no entendía nada. Sin embargo, ella lo llevó a través de la casa del terror y le explicó que ella no era una bruja malvada, como los rumores decían. Ella era una hechicera que podía convertir a las personas y a los animales en lo que quisiera.

Morgana también explicó que ella había convertido al cuervo en humano para demostrar su inocencia. Había escuchado hablar de la apuesta que los dos amigos habían hecho, y había visto una oportunidad para aclarar su nombre y su reputación.

El chico se sintió mal por haber dudado de ella. Pidió perdón por haberla juzgado por los rumores del pueblo. Morgana aceptó sus disculpas y, para demostrar que no tenía rencor, le permitió salir de su casa.

El chico se sorprendió al darse cuenta de que Morgana lo estaba escoltando a través de la colina. Al llegar al punto más bajo, Morgana le entregó al chico una bolsa de hierbas que curaban enfermedades y, con una sonrisa en su rostro, se despidió.

El chico caminó de vuelta a casa, todavía asombrado por lo que acababa de suceder. La bolsa de hierbas que le había regalado había cambiado su perspectiva sobre la bruja, y nunca volvería a juzgar a las personas por rumores y chismes.

Desde aquel día, la casa del terror se convirtió en un lugar de descanso para los animales y en un lugar de sabiduría para aquellos que se atrevían a acercarse a Morgana. El pueblo comenzó a reconocerla como alguien honorable y valiente, en lugar de como una bruja malvada.

Morgana, por su parte, seguía viviendo en su casa, feliz y plena. Siempre estaba dispuesta a ayudar a aquellos que se acercaban a su casa. Los animales de los alrededores incluso comenzaron a observarla con interés y muchas veces la visitaban.

Mientras tanto, el chico que había estado encerrado en la casa del terror comenzó a esparcir la historia de la hechicera buena por todo el pueblo. Morgana ya no era la villana que todos creían, sino una mujer sabia y amable que tenía el don de convertir a la gente en lo que quisiera.

La casa del terror se convirtió en el hogar de la curación, de la magia y del amor. La gente de los alrededores comenzó a verla como un lugar sagrado y concurrido, lleno de vida y esperanza. El pueblo prosperó, los rumores se desvanecieron y Morgana vivió feliz y eterna, convirtiendo a aquellos que ella quería ayudar en los seres más hermosos que jamás hubiera visto el mundo.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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