La bruja y la isla de los tesoros

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La bruja y la isla de los tesoros
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La bruja y la isla de los tesoros. Érase una vez en una isla remota y desconocida que se encontraba oculta entre las brumas del mar, la leyenda de un tesoro oculto por una bruja misteriosa. Dicen que la bruja había escondido el tesoro en algún lugar de la isla, protegiéndolo con magia negra y trampas mortales.

Muchos aventureros y cazadores de tesoros habían intentado encontrar el tesoro a lo largo de los años, pero todos habían regresado con las manos vacías o nunca habían regresado en absoluto. Nadie sabía qué había pasado con ellos, pero se decía que habían sido atrapados por la bruja y que ella los mantenía como esclavos para siempre.

Un día, un joven aventurero llamado Manuel llegó a la isla, buscando su fortuna y la forma de hacerse rico. Había oído hablar del tesoro y pensaba que él era diferente de los demás, que podría encontrarlo y regresar victorioso. Pero pronto se dio cuenta de que la leyenda era cierta y que la isla estaba plagada de peligros y maldiciones.

La selva era densa y oscura, y estaba habitada por criaturas extrañas y peligrosas que parecían acechar a cada paso que daba. Los árboles y las plantas estaban cubiertos de espinas, espinas y veneno, y el aire estaba lleno de mosquitos y otros insectos que intentaban picarle.

Pero Manuel no se rindió. Sabía que tenía una misión que cumplir y que no debía volver a casa sin el tesoro. Fue por la selva, sorteando los peligros y evitando las trampas que la bruja había dejado para él.

Finalmente, llegó a una cueva profunda en la montaña, donde pensaba que el tesoro podía estar escondido. Trepó por las rocas y se deslizó en la oscuridad de la cueva, con el corazón latiendo con fuerza en su pecho.

Pero apenas había avanzado unos metros cuando sintió que algo lo agarraba por el pie y lo arrastraba hacia atrás. Trató de luchar, pero era inútil. La fuerza era demasiado grande y pronto se encontró en manos de la bruja.

Ella lo estaba mirando con ojos crueles y brillantes, como si supiera exactamente lo que estaba pensando. Manuel trató de liberarse, pero estaba atrapado en una jaula hecha de huesos humanos y no podía moverse.

La bruja se rió y le dijo que le estaba permitiendo vivir, pero que nunca sería rico ni tendría éxito en la vida. Le dijo que siempre estaría atrapado en la isla, trabajando para ella y nunca volvería a ver a su familia y amigos.

Manuel estaba aterrorizado, pero algo en su corazón no perdía la esperanza. Sabía que debía encontrar una forma de escapar y volver a casa. Pero, ¿cómo?

Durante varios días, Manuel estuvo encerrado en la jaula, sin comida ni agua. La bruja había desaparecido, pero él sabía que estaba cerca, esperando el momento adecuado para atacar.

Finalmente, una noche, Manuel vio un resplandor en la cueva. Al principio, pensó que era la bruja, pero después se dio cuenta de que era un hongo brillante que crecía en la pared de la cueva. El hongo parecía estar emitiendo una luz tenue y cálida que iluminaba la cueva.

Manuel se acercó al hongo y lo tocó con la mano. Para su sorpresa, la luz lo envolvió y comenzó a sentir una energía extraña en su cuerpo. Se sintió más fuerte y más valiente que nunca.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que la bruja lo había subestimado. No era sólo un simple cazador de tesoros, sino un guerrero poderoso que traía la luz a un lugar oscuro y peligroso.

Manuel se liberó de la jaula y caminó por la cueva, sintiendo la energía del hongo cada vez más fuerte. Finalmente, llegó a un pasaje secreto que llevaba a una cámara llena de oro y joyas.

Allí se encontró con la bruja, que estaba parada en pie sobre una gran pila de riquezas. Pero él no tenía miedo de ella. Ahora era un guerrero de la luz, y sabía que podía derrotarla.

La bruja se burló de él y le dijo que no tenía posibilidades de ganar. Pero Manuel no le hizo caso. Cerró los ojos y se concentró en la energía que sentía en su cuerpo.

De repente, la cueva explotó en un estallido de luz y sonido. La bruja desapareció, y Manuel se encontró sosteniendo un cofre lleno de riquezas.

Salió de la cueva, respirando profundo el aire fresco y sabiendo que había triunfado donde todos los demás habían fracasado. Había luchado contra la oscuridad y encontrado la luz.

Y él sabía que siempre llevaría esa luz consigo, dondequiera que fuera. Fin.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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