La bruja y la lluvia de estrellas

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La bruja y la lluvia de estrellas
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La bruja y la lluvia de estrellas. Érase una vez, en un pequeño pueblo rodeado de montañas y bosques, vivía una bruja llamada Ana. La gente del pueblo la temía y evitaba cruzarse con ella en el camino.

Sin embargo, Ana no era una bruja malvada, era una mujer sabia que conocía todo sobre las plantas y sus propiedades curativas. Por desgracia, había sido víctima de una leyenda malintencionada que había sido transmitida de generación en generación, asegurando que ella hacía pactos con el diablo para conseguir sus poderes.

Cada noche, Ana se sentaba en su jardín y observaba el cielo. Hace muchos años, había hecho un pacto con las estrellas, prometiendo que si alguna vez necesitaba su ayuda, enviaran su luz para guiarla. De esta manera, ella había logrado superar muchas dificultades a lo largo de su vida.

Un verano, la sequía asoló la región. El sol ardiente y los fuertes vientos arrancaron las hojas de los árboles y las plantas del suelo. La gente del pueblo comenzó a preocuparse, pues sabía que si la sequía continuaba, todos sus cultivos se secarían y morirían de hambre.

Ana sabía que tenía que hacer algo. Se sentó en su jardín y miró al cielo esperando una señal de las estrellas. Como si lo hubiera escuchado, de repente, vio un destello en el horizonte. Se levantó rápidamente, tomó su capa, una bolsa llena de hierbas y plantas, y se dirigió hacia el bosque.

Caminó con energía entre los árboles, buscando un espacio claro donde pudiera hacer su ritual. Después de unos minutos, encontró un pequeño claro en el que se sentía la energía de la tierra un poco más fuerte. Comenzó a recoger ramas y hojas secas, y tomó un tronco de árbol para hacer su hoguera.

Una vez armado su pequeño altar, empezó a mezclar las hierbas y las plantas. Invocó a los espíritus y pidió su ayuda para traer la lluvia. Tomó un puñado de la mezcla y lo espolvoreó en el fuego, entonces las llamas se tiñeron de morado.

El viento comenzó a soplar con fuerza, las hojas y ramitas se movían en el suelo, y un sonido extraño como un coro de voces resonaba por el bosque. Ana sintió que no estaba sola, que la naturaleza y los espíritus estaban a su alrededor, ayudándola a llevar a cabo su hechizo.

En ese momento, Ana se dio cuenta de que uno de los destellos de estrellas había tomado la forma de una mujer, que estaba de pie junto a ella. La mujer sostuvo una jarra de agua y le entregó la llave para romper la sequía.

Ana tomó la jarra de agua y la vertió sobre el fuego. El ruido se convirtió en una lluvia de chispas que descendían sobre los campos secos. La lluvia se hizo presente y comenzó a mojar la tierra y las plantas. Ana, extasiada, se levantó y gritó de alegría.

La lluvia continuó salvando el pueblo, y las plantas crecieron rápidamente, más verdes y saludables que nunca. La gente del pueblo se sorprendió al ver como Ana había conseguido salvarlos del sufrimiento por la sequía que amenazaba sus cultivos.

Las personas del pueblo empezaron a cambiar su opinión de ella, comenzaron a respetarla por su sabiduría y valentía. No creían más en la leyenda que contaba que era una bruja malvada, ahora sabían que ella era la salvadora del pueblo.

Desde entonces, las estrellas se convirtieron en las compañeras de Ana, quienes le ayudaban y guiaban en momentos complicados. Las estrellas también garantizaban a la gente del pueblo que Ana no era una bruja mala, sino una mujer sabia y amorosa capaz de hacer el bien a quienes la rodean.

Así que cada noche, Ana se sentaba en su jardín y miraba las estrellas, eternamente agradecida por su ayuda. Y cuando pasaban las hermosas lluvias de estrellas, ella sentía que había sido testigo de un milagro. Un milagro lleno de magia, sabiduría y amor por la vida.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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