La bruja y la mariposa de la suerte. Érase una vez una pequeña aldea en la que todos los habitantes creían en la existencia de la magia y los seres fantásticos. En medio de este lugar, vivía una bruja llamada Isadora, quien se encargaba de mantener el equilibrio entre la naturaleza y el bienestar de aquellos que la rodeaban.
A pesar de las creencias de la gente, la bruja Isadora era muy respetada, ya que siempre se preocupaba por ayudar a todos en lo que pudiera. Pero había algo muy especial en su hogar, algo que llamaba la atención de todos los visitantes que tenían la oportunidad de conocerla: una mariposa de la suerte que reposaba en una pequeña flor que se encontraba justo al lado de la chimenea.
La mariposa de la suerte era conocida por traer buena fortuna y prosperidad a todas aquellas personas que tenían la oportunidad de cruzar su camino. Sin embargo, Isadora sabía que no podía confiar solamente en la magia y la buena suerte para mantener a salvo a su aldea.
Una tarde, mientras se encontraba sumida en sus pensamientos, la bruja se dio cuenta de que había una gran preocupación entre los habitantes del lugar. Una manada de lobos había aparecido en las cercanías del bosque, y todos temían por su seguridad y la de sus animales.
Isadora decidió que era hora de tomar acción y ayudar a la aldea a protegerse de la amenaza que se acercaba. Sin embargo, su preocupación era aún mayor cuando se percató de que la mariposa de la suerte había desaparecido.
Isadora estaba segura de que la mariposa había sentido el peligro que acechaba, y había decidido abandonar la aldea para buscar un lugar más seguro. Pero la bruja no podía permitirse fracasar en su misión de proteger a los habitantes de aquella aldea.
Usando sus habilidades mágicas, Isadora realizó un poderoso hechizo para invocar a la mariposa de la suerte. Como respuesta a su llamado, la pequeña mariposa morada apareció ante ella, confiando plenamente en el instinto de la bruja para guiarla.
La bruja le pidió a la mariposa que la acompañara en su misión de proteger a la aldea de los lobos. La mariposa aceptó la propuesta con gusto, y juntas comenzaron a buscar la mejor manera de ahuyentar a los lobos.
La bruja Isadora sabía que la animales respetaban mucho a la magia, por lo que decidió crear una gran barrera de hechizos alrededor de la aldea. La mariposa, por su parte, se encargó de llevar el mensaje a todos los animales del lugar, avisándoles del peligro que acechaba.
Gracias a la combinación de la magia y el esfuerzo de todos los habitantes de la aldea, los lobos nunca llegaron a invadir el lugar. La mariposa de la suerte había traído fortuna y prosperidad una vez más, y todos los habitantes del lugar se sentían agradecidos por la ayuda de Isadora y su pequeña compañera.
Pero el peligro no había pasado completamente. Aunque la aldea estaba a salvo, la mariposa de la suerte seguía desaparecida, lo que preocupaba mucho a la bruja Isadora. El tiempo pasaba, y cada día que la mariposa no aparecía, la preocupación de la bruja crecía.
Finalmente, una tarde, mientras Isadora preparaba una poción en su hogar, la mariposa de la suerte entró volando por la ventana. La pequeña mariposa lucía agotada y cansada, pero aún seguía portando la misma ternura y alegría en su porte.
Isadora se emocionó al ver que su amiga había regresado a salvo, y le preguntó qué había pasado. La mariposa le contó a la bruja que había viajado a través de las montañas y los ríos, buscando la mejor manera de mantener segura a la aldea y a las personas que vivían en ella.
Las personas de la aldea, que habían seguido su camino con mucha preocupación, se emocionaron al saber que la mariposa de la suerte había vuelto para quedarse. A partir de ese momento, aquella pequeña criatura se convirtió en símbolo de la unión y la fuerza de la aldea, un recordatorio de que a pesar de los peligros, siempre había esperanza y buenas energías para seguir adelante.
Y así, días y noches pasaron, en los que la bruja Isadora y la mariposa de la suerte seguían cuidando de todos los habitantes de la aldea, protegiéndolos con su magia y su amistad. Y aunque la vida podía estar llena de peligros e incertidumbres inesperadas, todos los habitantes de aquella aldea sabían que había alguien que los cuidaba y los guiaba a través de los momentos más difíciles.