La casa de los espejos de Halloween. Érase una vez en un pequeño pueblo rodeado de montañas y bosques frondosos, una misteriosa casa de los espejos. Dicen que aquella casa aparecía y desaparecía en la oscuridad de la noche, como un lugar encantado que solo aquellos con coraje suficiente podrían visitar.
Era víspera de Halloween y la noticia corría por el pueblo de que la casa de los espejos regresaría esa noche. Los niños, emocionados por la aventura, se reunieron en la plaza para planear cómo se adentrarían en aquel lugar mágico.
Laura, una niña valiente y curiosa, decidió que era hora de conocer los secretos que había en esa casa. Con su linterna en mano, se aventuró junto a sus amigos. Al llegar, la casa y su jardín aparecieron de la nada, como si la niebla hubiera engullido el lugar.
La casa de los espejos, hecha de madera oscura y cristales opacos, parecía más grande e imponente de cerca. Los niños se pararon delante de su entrada y pudieron ver a través de una ventana que había un largo pasillo lleno de espejos en su interior.
Sin embargo, algo extraño sucedió en ese momento. Laura y sus amigos se miraron mutuamente, pero sus reflejos en el cristal no eran exactamente iguales a ellos. Se veían distorsionados y con algunos cambios extraños, como si fueran otra versión de ellos mismos.
A pesar del miedo y la inquietud, los niños decidieron entrar en la casa de los espejos para investigar más.
Al ingresar al pasillo, los espejos los miraban desde todos los ángulos, y cada reflejo se veía diferente. Un espejo hacía ver a Laura más alta de lo normal, mientras que otro hacia que su amigo Simón pareciera más pequeño.
Los niños estaban encantados y asombrados al mismo tiempo. Cada paso que daban, los espejos cambiaban sus reflejos, mostrando un mundo distorsionado de colores y formas inesperadas. Pero aquella emoción pronto se convertiría en miedo.
Un grito agudo resonó en el pasillo, y los niños se asustaron enseguida. Maya, la hermana menor de Laura había entrado en la casa de los espejos sin permiso. Pero lo peor no era eso, sino que Maya estaba atrapada en una habitación llena de espejos de los que no podía salir.
Laura y sus amigos intentaron entrar por la puerta, pero esta estaba cerrada y parecía imposible de abrir. Solo pudieron llamar a los padres de Maya, que llegaron preocupados a la casa de los espejos.
Cuando la puerta finalmente se abrió, descubrieron que detrás de ella no había una habitación llena de espejos, sino una antigua biblioteca que había estado cerrada por años. La habitación tenía un escritorio, libros polvorientos y una pluma estilográfica.
Pero en el centro de la habitación había una peculiar nota escrita en tinta dorada: «No todo es lo que parece en la casa de los espejos, hay un secreto oculto que solo los valientes pueden desbloquear».
Los niños quedaron asombrados al leer la nota y sintieron una corazonada de que el secreto estaba en una puerta cubierta de polvo y desgastada en una esquina de la biblioteca.
La abrieron juntos y encontraron un pasadizo secreto que llevaba a una habitación aún mayor con espejos que llevaban a otros mundos. Y en el centro de ella, estaba la clave para desvelar el gran secreto de la casa de los espejos.
Con manos temblorosas, Laura usó la pluma y escribió en el suelo de madera: «Libertad».
De repente, la habitación comenzó a moverse y temblar, y los espejos comenzaron a estallar, uno por uno. Finalmente, un enorme espejo en la pared se abrió para mostrar un jardín mágico lleno de flores, pájaros y mariposas.
Los niños se emocionaron al ver esto y corrieron hacia el jardín. Allí, encontraron una nota final que decía: «Solo aquellos que encuentren la libertad en la casa de los espejos serán libres de la oscuridad y podrán vivir felices para siempre».
La casa de los espejos desapareció ante sus propios ojos, y los niños se preguntaron si todo había sido un sueño o una verdadera aventura. Pero la sensación de libertad y felicidad que sentían en ese momento era innegable.
Desde ese día, Laura y sus amigos aprendieron que no debían dejarse llevar por la apariencia de las cosas, que había que buscar más allá de lo visible para descubrir la verdadera esencia de las cosas. Y siempre recordarían la mágica noche en la casa de los espejos, donde encontraron la libertad y la felicidad.