La cigüeña y la zorra. Érase una vez en un bosque mágico vivían muchos animales. Entre ellos había una cigüeña muy amable y cariñosa que siempre se preocupaba por los demás animales del bosque.
La cigüeña era muy conocida por su gran corazón y por siempre estar dispuesta a ayudar a quien lo necesitara. No importaba si era un pájaro, un conejo o un ratón, la cigüeña siempre estaba ahí para ellos.
Un día, la cigüeña estaba volando por el bosque cuando encontró a una zorra que estaba en muy mal estado. La zorra estaba en el suelo y se veía muy triste y enferma. La cigüeña se acercó a ella y le preguntó qué le pasaba.
La zorra, con voz débil, le contó que había estado cazando durante varios días y que no había podido encontrar nada para comer. Estaba muy hambrienta y débil. La cigüeña se sentía muy triste por la zorra y decidió ayudarla.
La cigüeña le ofreció llevarla a su hogar para que pudiera descansar y recuperarse. La zorra aceptó agradecida y la cigüeña la llevó por los aires hasta su nido.
La cigüeña le dio de comer y la cuidó durante varios días, hasta que la zorra se había recuperado completamente. Durante ese tiempo, la cigüeña y la zorra se convirtieron en grandes amigas y la zorra prometió siempre estar ahí para la cigüeña si ella lo necesitara.
Un día, la cigüeña se despertó y se dio cuenta de que su nido había sido destruido. Al parecer, una tormenta había pasado durante la noche y había destruido su hogar. La cigüeña estaba muy triste y asustada, no sabía qué hacer.
Pero recordó la promesa que le había hecho la zorra y decidió buscarla. La encontró en su madriguera y le pidió ayuda. La zorra, sin dudarlo, le ofreció su hogar y prometió cuidarla hasta que pudiera encontrar un nuevo nido.
La cigüeña agradeció mucho a su amiga y se mudó con ella. Durante varios días, la zorra cuidó de la cigüeña y la ayudó a encontrar un nuevo hogar. Finalmente, la cigüeña encontró un árbol donde hacer su nuevo nido y se mudó ahí.
La cigüeña estaba muy feliz en su nuevo hogar y nunca olvidó la ayuda que la zorra le había brindado. Desde ese día, la cigüeña y la zorra se convirtieron en las mejores amigas del bosque y siempre estuvieron ahí para ayudarse mutuamente.
La cigüeña aprendió que ser empático y ayudar a los demás era algo muy importante en la vida. Aprendió que todos necesitamos ayuda en algún momento, y que estar ahí para alguien más es una de las cosas más valiosas que podemos hacer.
Y así, la cigüeña vivió feliz en su nuevo hogar, rodeada de sus amigos del bosque, sabiendo que siempre había alguien ahí para ayudarla si lo necesitaba. Y la lección que aprendió aquel día nunca se olvidó: la empatía es una de las cosas más valiosas que podemos tener en la vida.