La conejita y el reino de cristal. Érase una vez en el bosque encantado, una pequeña conejita llamada Lola que vivía en una casita cerca de un lago. Un día, mientras paseaba por el bosque, Lola encontró un cristal muy especial. Era de un color rosado brillante y tenía una forma muy extraña.
Lola estaba muy curiosa por saber qué era ese cristal. Decidió llevarlo a su casa para estudiarlo mejor. Mientras lo observaba, de repente el cristal empezó a brillar aún más brillante. De repente, una voz mágica resonó en su cabeza.
«Pequeña conejita, has encontrado el cristal mágico de la reina de cristal. Ahora estás convocada a desafiar los desafíos del reino de cristal».
Lola no podía creer lo que oía. ¿Ella, una pequeña conejita, tendría una misión importante en el reino de cristal? ¿Qué tipo de desafíos tendría que superar? Aun así, algo dentro de ella la impulsó a aceptar la tarea.
Lola se durmió con la cabeza llena de ideas y emociones acerca de su nuevo destino y soñó con el reino de cristal. Al día siguiente, se despertó temprano y se dirigió hacia el lago para encontrar una formación rocosa delgada que actuaba como puente para cruzar el lago. Mientras se daba prisa y caminaba, el cristal rosado empezó a brillar de nuevo. De repente, un portal mágico apareció ante sus ojos y, sin pensarlo dos veces, cruzó el portal para llegar al reino de cristal.
El reino estaba lleno de brillantes cristales de todos los colores, desde el rojo pasión hasta el azul turquesa. Había joyas, espejos y objetos brillantes por todas partes. Sin embargo, había algo más que hacía que el reino fuera aún más especial: los habitantes del reino de cristal.
Ellos eran seres mágicos con cuerpos transparentes que cambiaban de color según su estado de ánimo. Había duendes, hadas, unicornios, gnomos y toda clase de seres nunca antes vistos. Todos ellos avistaron a Lola y le dieron la bienvenida a su reino.
Lola se enfrentó a su primer desafío en el reino de cristal cuando se topó con un trol malhumorado que bloqueaba su camino. El trol la retó a una carrera de obstáculos a través del bosque. Si Lola ganaba, el trol permitiría el paso, pero si perdía, entonces tendría que olvidarse de seguir adelante.
Lola se preparó para la carrera y, corriendo lo más rápido que podía, superó cada obstáculo sin siquiera derrumbar uno. Por supuesto, el trol estaba totalmente desconcertado por la habilidad de la pequeña conejita. Nunca antes había visto a alguien que pudiera correr tan rápido y con tanto equilibrio. Al final de la carrera, el trol se rindió y permitió que Lola continuara su cómico camino.
El siguiente desafío fue una búsqueda del tesoro. Lola tuvo que utilizar su inteligencia y perseverancia para encontrar un tesoro tan codiciado que había sido escondido por el malvado dragón oscuro en algún lugar del reino de cristal. Lola se valió de todas sus habilidades para encontrar el cofre del tesoro y, después de mucho buscar, finalmente lo descubrió escondido dentro del bosque. Había una nota, que decía: «Lola, felicitaciones por superar el desafío dos. Ahora debes cruzar el río para llegar al mágico jardín del rey y leer la última nota que te llevará al gran castillo de cristal».
Lola se puso en marcha y llegó al río. Desgraciadamente, había una gran sorpresa esperándola en el río. Un malvado murciélago gigante la esperaba para ver quién podía saltar más lejos. Lola sabía que debía usar algún tipo de plan para ganar este desafío. Con un poco de ayuda de sus amigos mágicos, Lola saltó mucho más lejos que el murciélago y, por lo tanto, ganó el desafío. Ahora tenía acceso al jardín del rey.
El jardín del rey era un lugar mágico con flores y setos que hablaban. Hay una flor que pidió ayuda a Lola para sacarla de su maceta, la había cuidado durante mucho tiempo y estaba adolorida. Lola se apiadó de la flor y prometió ayudarla a salir. Poniendo su oído cerca de la maceta, escuchó una voz muy apagada y la flor le habló en secreto: «Pequeña Lola, gracias por ayudarme. En agradecimiento, quiero regalarte estas semillas. Con ellas, podrás crear un hermoso jardín lleno de flores maravillosas». Lola se puso muy feliz y decidió sembrar las semillas tan pronto como pudiera.
Tras salir del jardín del rey, Lola encontró el camino hacia el gran castillo de cristal. Allí, en la puerta, había una nota que informaba el último desafío que Lola tenía que enfrentar. Su última misión implicaba un laberinto, un reloj de arena y un mensaje oculto. Finalmente después de mucho intentar, Lola encontró un cristal monumental que tenia un mensaje importante para ella.
El mensaje era: «Felicitaciones, pequeña y valiente Lola. Has pasado con éxito los desafíos del reino de cristal. Tu perseverancia, ingenio y bondad han demostrado que eres una conejita muy especial. Como recompensa, te conviertes en la protectora del reino de cristal y, siempre y cuando te sientas en tu corazón, tendrás acceso total al reino para proteger a sus habitantes y ayudarlos en momentos de necesidad».
Lola estaba extasiada. Había completado muchas aventuras y habían terminado en una gran recompensa. Mientras se despedía de sus amigos mágicos en el reino de cristal y regresaba a casa con el cristal rosado, ella sabía que nunca olvidaría su aventura en aquella tierra llena de cristales y magia. Nunca volvería a ser la misma y siempre recordaría su compromiso con el reino de cristal.