La conejita y la ciudad de las maravillas. Érase una vez, en un prado verde y florido, vivía una pequeña conejita llamada Lila. Lila era muy curiosa y siempre buscaba aventuras y cosas nuevas que descubrir. Un día, mientras saltaba y correteaba por el prado, se topó con un lugar mágico que nunca había visto antes: una gran puerta con la forma de un arco iris.
Lila, emocionada, decidió acercarse a la puerta y cuando lo hizo, se encontró con un letrero que decía «Ciudad de las Maravillas». Intrigada, la conexión abrió la puerta y entró. Lo que vio a continuación, la dejó impresionada: una ciudad llena de color, luces y música. Pero lo que más llamó su atención fue el hecho de que todos los habitantes de la ciudad eran animales parlantes.
Lila no podía creer lo que veía. La ciudad estaba formada por edificios de todos los tamaños y formas, calles y avenidas llenas de tiendas y restaurantes, y lugares de entretenimiento y diversión.
Lila decidió explorar la ciudad y aventurarse por cada rincón. Paseó por las calles y se encontró con un elefante que vendía algodón dulce, una jirafa que tocaba música en una banda, e incluso una ardilla que realizaba acrobacias en el parque. Todo era tan emocionante y nuevo para Lila, que no quería que la aventura terminara.
Mientras caminaba, encontró un grupo de animales reunidos en una plaza, parecía que estaban discutiendo algo importante. Lila se acercó y les preguntó qué sucedía.
-«Hemos perdido la llave de la ciudad de las maravillas», explicó un conejo muy preocupado. «Sin ella, no podemos abrir la puerta y todos quedaremos atrapados aquí para siempre.»
Lila sabía que tenía que ayudar. Haciendo caso omiso de cualquier peligro, la conejita decidió buscar la llave perdida. Buscó por toda la ciudad, hasta que finalmente llegó a una casa abandonada donde encontró la llave.
Feliz por su exitosa búsqueda, Lila regresó a la plaza con la llave. La multitud estaba emocionada de ver la llave en manos de una conejita tan valiente.
Con la llave de la ciudad de las maravillas ahora segura, Lila decidió despedirse y regresar a su hogar. Cuando abrió la puerta del arco iris, se encontró de nuevo en el prado florido donde vivía. Pero en su corazón, sabía que siempre se recordaría de la ciudad mágica que había descubierto, la Ciudad de las Maravillas.
Y así, la pequeña conejita Lila comprobó que el mundo es un lugar lleno de posibilidades, aventuras y emociones, y que lo único que se necesita es ser valiente y curioso para descubrirlo.